Mostrando entradas con la etiqueta Al entrar en la iglesia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Al entrar en la iglesia. Mostrar todas las entradas

viernes, 20 de marzo de 2009

Al entrar en la iglesia

Al entrar en la Iglesia

Cuando entramos en la iglesia, lo hacemos sin prisas y guardando el silencio debido.

Tomamos un poco de agua bendita con los dedos y hacemos la señal de la Cruz.

Si alguien nos acompaña, le ofreceremos agua bendita para que él también se santigüe. Al salir, podemos hacer lo mismo.

Después de santiguarnos, nos dirigimos al lugar donde esté el Sagrario para adorar a Jesús Sacramentado.

Haremos una genuflexión bien hecha, mirando hacia el sagrario. Y procuraremos acompañar este acto externo con alguna jaculatoria o acto de amor.

La genuflexión se hace con la rodilla derecha y el cuerpo recto, sin necesidad de santiguarse en ese momento.

 

sábado, 25 de octubre de 2008

Iglesias abiertas

Templos, iglesias y ermitas abiertas

 

"Es bueno que la iglesias de nuestra…, nuestros templos estén abiertos cuantas más horas del día mejor. Llama mucho la atención, porque paradójicamente en un tiempo eminentemente religioso como es el previo a la Navidad, los centros comerciales están más tiempo abiertos que las mismas iglesias. Algo está fallando. Estamos invirtiendo los órdenes.

 

Es cierto que a veces no se puede pero, sinceramente, dudo si se hace todo lo que se puede. Existe un tipo de servicio, de ministerio, que se llama sacristán y que entre otras cosas se dedica a cuidar de que el templo en las horas que está abierto esté a buen recaudo. Hace unos días recibí un correo precioso que trataba sobre el bien que a una persona le hizo encontrarse con la Iglesia abierta, ponía lo siguiente:

 

“Esta mañana mi madre ha visitado una Iglesia. Me ha contado que ha pasado bastante rato en ella, que le ha parecido fantástico y muy de agradecer encontrarla abierta fuera del horario de Misa, que era una Iglesia alegre, luminosa, con un crucifijo nada ostentoso que le recordaba el verdadero sentido de la cruz. Me ha contado también que pensaba que el párroco de esa Iglesia debía ser un hombre, confiado por naturaleza y preocupado por sus fieles y por darles la oportunidad de rezar o encontrarse con Dios cuando "se lo pide el cuerpo", me ha dicho que el párroco le ha dado a ella la oportunidad de recuperar su fe al dejarle la puerta de la casa de Dios abierta.”

 

Esta carta contiene algo que me parece necesario tener en cuenta: la importancia de dejar la Iglesia abierta. Sé positivamente que hay templos que son una osadía dejarlos abiertos sin vigilancia, por eso, creo que es una tarea de todos el poder permitir que estén abiertas. Por eso le sugiero que si su iglesia está cerradas vea la mejor manera de intentar mantenerlas abiertas cuanto más tiempo mejor. Es tanto el bien que hace un templo abierto, pero como comprenderá el mochuelo no puede caer sólo sobre el párroco. Todos tenemos que poner el hombro y quizá sea tan fácil como ofrecer algo del tiempo que tenemos especialmente si estamos jubilados o con huecos en la agenda del día."

 

Fragmento de un programa de radio emitido en Andalucía “Palabras para la vida”

 

martes, 21 de octubre de 2008

Visitando una iglesia

Visitando una Iglesia

 

Casa habitada:

Las casas deshabitadas son frías; al entrar sueles sentir una desagradable sensación: no descubres "alma" en una casa deshabitada.

Algo así ocurre con los lugares religiosos deshabitados: transmiten un mensaje de vacío, de añoranza...

Una casa habitada se palpa: habrá orden o desorden..., pero algo nos dice que está habitada. Y por el orden o desorden nos damos cuenta de la calidad de sus habitantes.

La visita a una casa habitada nos informa de los gustos de los moradores, de los lugares que más usan, de los estilos decorativos, de las aficiones literarias, musicales, artísticas...Decimos: "Lo tienen con mucho gusto..."

Mostrar una casa es algo así como desvelarnos ante los demás. Los muros, las cosas, los muebles, el orden, todo nos revela.

Elegir lo que ponemos, lo que quitamos, dónde lo ponemos... es una forma de manifestar lo que somos, lo que nos hace felices, lo que nos hace estar bien y cómodos, el ambiente que creamos...

Para entender bien lo que hay en una casa necesitamos, además, la presencia y la palabra de los moradores que nos digan: esta bandeja me la regaló papá cuando todavía éramos novios: tiene 55 años. El transistor se lo compramos a Alberto. El mueble del comedor nos costo 75 Euros. De esta manta no me desprendo, la compré nada más casarnos y me costó 30 Euros.

Las cosas de una casa no son sólo cosas. Tienen alma, vida, historia, están cargadas de recuerdos, de esfuerzos, sacrificios, tienen nombres queridos detrás de ellas...

Quien sólo las ve por fuera, no descubre lo que encierran de historia familiar, de sentimiento, de recuerdo...

Nos tienen que explicar las cosas para darles valor...

 

Esta imagen de la casa es la que nos puede ayudar a comprender lo que es una iglesia habitada o deshabitada...

Siguiendo la imagen de la casa habitada, un desconocido que llega a una iglesia observará a qué dan importancia dentro del templo sus moradores: el recinto bautismal, el rincón del silencio y oración, el altar de la eucaristía, el presbiterio, el espacio para la Palabra, la música ambiental, la iluminación cuidada, los cuadros, las hojas...

 

(tomado de http://www.juanjauregui.es)