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viernes, 27 de junio de 2008

Las Procesiones y sus riesgos

LAS PROCESIONES Y SUS RIESGOS

246. La piedad popular, sobre todo a partir de la Edad Media, ha dado amplio espacio a las procesiones votivas, que en la época barroca han alcanzado su apogeo: para honrar a los Santos patronos de una ciudad o corporación se llevan procesionalmente las reliquias, o una estatua o efigie, por las calles de la ciudad.

En sus formas genuinas, las procesiones son manifestaciones de la fe del pueblo, que tienen con frecuencia connotaciones culturales capaces de despertar el sentimiento religioso de los fieles. Pero desde el punto de vista de la fe cristiana, las "procesiones votivas de los Santos", como otros ejercicios de piedad, están expuestas a algunos riesgos y peligros:

  • que prevalezcan las devociones sobre los sacramentos, que quedan relegados a un segundo lugar, y de las manifestaciones exteriores sobre las disposiciones interiores;
  • el considerar las procesiones como el momento culminante de la fiesta;
  • que se configure el cristianismo, a los ojos de los fieles que carecen de una instrucción adecuada, como una "religión de Santos";
  • la degeneración de la misma procesión que, de testimonio de fe acaba convirtiéndose en mero espectáculo o en un acto folclórico.

Tomado del Directorio de la Piedad Popular

Catequesis sobre las Procesiones

CATEQUESIS SOBRE LAS PROCESIONES

247. Para que la procesión conserve su carácter genuino de manifestación de fe, es necesario que los fieles sean instruidos en su naturaleza, desde un punto de vista teológico, litúrgico y antropológico.

Desde el punto de vista teológico se deberá destacar que:

  • la procesión es un signo de la condición de la Iglesia, pueblo de Dios en camino que, con Cristo y detrás de Cristo, consciente de no tener en este mundo una morada permanente (cfr. Heb 13,14), marcha por los caminos de la ciudad terrena hacia la Jerusalén celestial;
  • es también signo del testimonio de fe que la comunidad cristiana debe dar de su Señor, en medio de la sociedad civil;
  • es signo, finalmente, de la tarea misionera de la Iglesia, que desde los comienzos, según el mandato del Señor (cfr. Mt 28,19-20), está en marcha para anunciar por las calles del mundo el Evangelio de la salvación.

Desde el punto de vista litúrgico se deberán orientar las procesiones, incluso aquellas de carácter más popular, hacia la celebración de la Liturgia:

  • presentando el recorrido de iglesia a iglesia como camino de la comunidad que vive en el mundo hacia la comunidad que habita en el cielo;
  • procurando que se desarrollen con presidencia eclesiástica, para evitar manifestaciones irrespetuosas o degeneradas;
  • estableciendo un momento inicial de oración, en el cual no falte la proclamación de la Palabra de Dios;
  • valorando el canto, preferiblemente de salmos y las aportaciones de instrumentos musicales;
  • sugiriendo llevar en las manos, durante el recorrido, cirios o lámparas encendidas;
  • disponiendo las estaciones, que, al alternarse con los momentos de marcha, dan la imagen del camino de la vida;
  • concluyendo la procesión con una oración doxológica a Dios, fuente de toda santidad, y con la bendición impartida por el Obispo, presbítero o diácono.

Finalmente, desde un punto de vista antropológico se deberá poner de manifiesto el significado de la procesión como "camino recorrido juntos":

  • participando en el mismo clima de oración, unidos en el canto,
  • dirigidos a la única meta, los fieles se sienten solidarios unos con otros,
  • determinados a concretar en el camino de la vida los compromisos cristianos madurados en el recorrido procesional.

 

Tomado del Directorio de la Piedad Popular

 

lunes, 16 de junio de 2008

Tríptico sobre las Procesiones

Las Procesiones: Su origen y su sentido

Esta Delegación de Piedad Popular ha elaborado un tríptico sobre el tema “Las procesiones: Su origen y su sentido”, (se han hecho 60.000 copias) para que lo DISTRIBUYAS, ANUNCIES, EXPLIQUES Y MOTIVES en tu parroquia durante el tiempo que creas conveniente, y en las reuniones que tengas, incluso que se los hagas llegar a las comisiones de fiestas, hermandades, enramadoras, mayordomos, sacristanes… para ir dando pasos (con mucho temple y cuidado, pues se trata de COSAS de Dios) y lograr en una generación que las procesiones sean verdaderas manifestaciones de fe, evitando aquello que las pueda desvirtuar, y teniendo en cuenta otras cosas que nos ayuden a recuperar su VERDADERO sentido. Aquí lo puedes BAJAR

lunes, 2 de junio de 2008

Las Procesiones: Su origen y su sentido

Sugerencias a los que organizan
o participan en las procesiones


La Procesión y la vida
El hombre es un ser en camino. Se va haciendo mientras camina. No puede permanecer quieto; necesita metas que pongan en movimiento todas sus capacidades. El hombre es el ser permanentemente insatisfecho, el que no se conforma, el que camina impulsivamente tras la felicidad.
Y no es posible la aventura de la vida caminando en solitario. Vamos todos en el mismo barco y nuestra suerte está vinculada a la de los demás. Por eso, la fiesta y la procesión son un fuerte correctivo al individualismo insolidario.
En una sociedad tan secularizada como la nuestra, las fiestas y las procesiones siguen gozando de buena salud. No hay fiesta popular que se precie sin su correspondiente procesión.
La gente acude masivamente a las fiestas y a las procesiones porque: hay en ellas un rito que cumplir, un camino que recorrer, una música que disfrutar, una belleza que admirar, un santo a quien implorar, una memoria que acoger, una identidad que reconocer, un futuro que labrar...

Procesiones, ¿para qué?
Quien las observa desde fuera, puede preguntarse para qué sirve mover una imagen de un sitio a otro o hacer con ella un recorrido por la calle. Nos convendrá explicar un poco el significado de la palabra “procesión”.
La palabra “procesión” viene del verbo latino “pro-cedere”, que significa marchar, ir hacia delante.
Cuando esta marcha se realiza con otros, en grupo, suele manifestar el deseo de ir hacia el mismo sitio, la misma meta, alcanzar el mismo objetivo.
Crea en el grupo lazos de unión y se convierte en un lenguaje común de mucha expresividad: manifestaciones, marchas de protesta, desfiles festivos, peregrinaciones, procesiones, etc.
La procesión es una expresión de culto de carácter universal en la que la piedad y la liturgia establecen una relación muy peculiar.

La Eucaristía y la Procesión

La Eucaristía arroja una luz potente sobre el sentido de la procesión: toda procesión parte y al mismo tiempo nos conduce al encuentro de Cristo Salvador, salvación que se hace real y eficaz en la Eucaristía.
De hecho, dentro de la celebración de la Eucaristía tienen lugar una serie de procesiones que son necesarias para el desarrollo de la misma:
  • la procesión de entrada del ministro y los celebrantes;
  • la procesión hacia el ambón para proclamar el Evangelio;
  • la procesión para presentar las ofrendas;
  • el momento de recibir la comunión, que también se considera procesión.
Variedad de procesiones
Las procesiones cristianas se inician llevando al recién bautizado desde la pila bautismal hasta el altar, signo de que la vida que ha comenzado en el Bautismo ha de ser alimentada en la Eucaristía y en la que encontrará su plenitud.
La piedad popular amplió con el tiempo el número de procesiones, tanto para honrar a la Virgen y a los santos como para meditar los aspectos de la pasión.

Riesgos
Pero las procesiones pueden conllevar también, si no se cuidan, ciertos riesgos, como pueden ser:
  • Que estas manifestaciones religiosas prevalezcan sobre los sacramentos.
  • Considerar la procesión como el acto principal de la fiesta.
  • Convertirla en un acto folclórico o cultural.
  • Convertirla en mero espectáculo.
  • Convertirla en manifestación de lujo y ostentación.
Sugerencias
La procesión no es una marcha sin rumbo. Nos convoca, a través de una imagen, alguien que nos conecta con algo que hemos oído, leído o celebrado en la Eucaristía. Ese alguien vive, no es un icono sin vida.

Por eso, algo tan simple como
  • el respeto a la imagen y lo que representa,
  • los adornos y el enrame que lleva,
  • las joyas que porta y la forma de colocarlas,
  • la devoción y el silencio en el recorrido,
  • la dignidad en el vestir y en las palabras,
  • la música o los cantos que suenan,
  • los bailes o los movimientos...
tienen que ser acordes con el Misterio de Dios, de la Virgen o de los Santos a los que se recuerdan, y a la dignidad de la persona que lo porta sobre sus hombros o lo acompaña.

Además, sobre las procesiones, hemos de tener en cuenta:
  • Han de tener carácter evangelizador.
  • Con recorridos cortos, concretos y fijos.
  • La organización de los actos religiosos de las fiestas patronales compete a la Parroquia.
  • Es a la parroquia a la que corresponde editar los programas de las fiestas religiosas que organiza.
  • Evitar la multiplicación de procesiones
  • Evitar varias imágenes de la Virgen o de Crucificados en la misma procesión.
  • Consultar al Párroco sobre las procesiones de promesa.