lunes 12 de octubre de 2009

LA RELIGIOSIDAD POPULAR

 

La religiosidad popular es un tema muy usado y que no goza de excesivos entusiasmos últimamente. Bueno es reproducir unas líneas de Benedicto XVI sobre el tema escritas cuando era cardenal: “La religiosidad popular es el humus sin el cual la liturgia no puede desarrollarse. Desgraciadamente muchas veces fue despreciada e incluso pisoteada por parte de algunos sectores del Movimiento Litúrgico y con ocasión de la reforma postconciliar. Y sin embargo, hay que amarla, es necesario purificarla y guiarla, acogiéndola siempre con respeto, ya que es la manera con la que la fe es acogida en el corazón del pueblo, aun cuando parezca extraña o sorprendente. Es la raigambre segura e interior de la fe”. Magníficas palabras para valorar ese fenómeno de la religiosidad popular uno de cuyos elementos más destacados son las Hermandades y Cofradías. El “Directorio sobre la piedad popular y la liturgia” de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos nos ilustra sobradamente sobre las formas de culto y especialmente sobre las prácticas de la piedad popular.

Las formas de culto de las Hermandades y Cofradías, en su vertiente devocional más generalizadas, se resumen en novenas, septenarios, quinarios y triduos, teniendo siempre como centro celebrativo la Eucaristía.

*         LA NOVENA: Es un ejercicio piadoso que dura nueve días, dedicado generalmente a la Virgen María y a otros santos y santas, así como a devociones particulares. Muchas de las novenas tiene indulgencias y la única novena que no era de devoción sino litúrgica fue la prescrita por León XIII en el año 1895 dedicada al Espíritu Santo para preparar Pentecostés.

*         EL SEPTENARIO: Es un ejercicio de siete días especialmente dedicado a la Virgen en sus advocaciones dolorosas, como recuerdo de los siete dolores que padeció la Virgen al contemplar los padecimientos de Cristo ante la Cruz.

*         EL QUINARIO: Ejercicio de cinco días que parece tener su origen en el recuerdo de las cinco llagas de Cristo (manos, pies y costado) y se celebran tanto para el culto a Cristo, como a la Virgen.

*         EL TRIDUO: Ejercicio de tres días dedicado tanto a Cristo como a la Vírgen. Tres son las personas de la Trinidad y tres los días que conforman el Triduo Pascual. Se dedican también Triduos al Santísimo.

*         EL VÍA CRUCIS CUARESMAL Y EL VÍA LUCIS, su equivalente pascual, son otras formas de devoción muy utilizados por las Cofradías, especialmente el ejercicio del Vía Crucis en el cual se recorren los momentos más sobresalientes de la Pasión y Muerte de Cristo a través de sus catorce estaciones. De igual forma, en la Cuaresma, están bastante extendidas las meditaciones sobre el Stabat Mater y sobre las Siete Palabras de Jesús en la Cruz, difundidas estas últimas en el S. XVII sobre todo gracias al tratado que sobre dicho tema escribió San Roberto Belarmino. El Sermón sobre las Siete Palabras es fuente importante de reflexión durante los días cuaresmales y en Valladolid adquiere su máximo exponente en la mañana del Viernes Santo en su Plaza Mayor.

*         NO PODEMOS DEJAR DE NOMBRAR LA SEÑAL DE LA CRUZ. Hacer la señal de la cruz es el gesto fundamental del cristiano. Santiguarse es aceptar a Cristo en nuestra vida, reconocernos discípulos suyos. Si además utilizamos el agua bendita para santiguarnos nos trae recuerdos del bautismo. En definitiva es una profesión de fe en el Dios trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Hacer la señal de la cruz equivale a ponernos bajo la protección del Señor, equivale a un escudo que nos protege de las tribulaciones diarias y nos anima a seguir adelante.

 

viernes 25 de septiembre de 2009

LA CRUZ DE CARAVACA

LA CRUZ DE CARAVACA

La cruz de Caravaca es un "lignum crucis", esto es, un madero de la cruz de Cristo, conservado en un relicario con forma de cruz, de doble brazo horizontal y de uno vertical. La cruz llegó en 1231 a esta localidad murciana, de modo milagroso, procedente de Jerusalén. Pertenecía, según la tradición, al patriarca Roberto de Jerusalén, el primer obispo de la ciudad santa, tras la primera cruzada del año 1099. La reliquia se conserva con un relicario en forma de cruz de doble brazo horizonte y de un vertical.

La dimensión del relicario corresponde, como es lógico, al tamaño que originariamente tenía la madera -el "lignum crucis"- guardada en el interior. No debe, pues, confundirse el relicario exterior con la reliquia interior, que es el verdadero objeto de culto y de amor de los fieles.

 

OCTUBRE Y EL ROSARIO

OCTUBRE Y EL ROSARIO

El próximo jueves comenzaremos el mes de octubre, mes que en la piedad popular está dedicado al Santo Rosario, devoción que ha alimentado la fe de muchas generaciones de cristianos y que ha sido reiteradamente recomendada por los Papas. Juan XXIII la consideraba como una “muy excelente forma de oración meditada”; Juan Pablo II nos confesó que era su “devoción predilecta”; Benedicto XVI, por su parte, nos ha dicho que “si la Eucaristía es para el cristiano el centro de la jornada, el Rosario contribuye de manera privilegiada a dilatar la comunión con Cristo, y enseña a vivir manteniendo fija en Él la mirada del corazón para irradiar sobre todos y sobre todo su amor misericordioso”.

martes 14 de julio de 2009

Por qué se relaciona a la Virgen del Carmen con el mar.doc

¿Por qué se relaciona a la Virgen del Carmen con el mar?

Los marineros, antes de la edad de la electrónica, dependían de las estrellas para marcar su rumbo en el inmenso océano. De aquí la analogía con La Virgen María quien como, estrella del mar, nos guía por las aguas difíciles de la vida hacia el puerto seguro que es Cristo.

Por la invasión de los sarracenos, los Carmelitas se vieron obligados a abandonar el Monte Carmelo. Una antigua tradición nos dice que antes de partir se les apareció la Virgen mientras cantaban el Salve Regina y ella prometió ser para ellos su Estrella del Mar.  Por ese bello nombre conocían también a la Virgen porque el Monte Carmelo se alza como una estrella junto al mar.

El escapulario es un sacramental

Un sacramental es un objeto religioso que la Iglesia haya aprobado como signo que nos ayuda a vivir santamente y a aumentar nuestra devoción. Los sacramentales deben mover nuestros corazones a renunciar a todo pecado, incluso al venial.

El escapulario, al ser un sacramental, no nos comunica gracias como hacen los sacramentos sino que nos disponen al amor a Dios y a la verdadera contrición del pecado si los recibimos con devoción.

Los seres humanos nos comunicamos por símbolos. Así como tenemos banderas, escudos y también uniformes que nos identifican, las comunidades religiosas llevan su hábito como signo de su consagración a Dios.

Los laicos no pueden llevar hábito, pero los que desean asociarse a los religiosos en su búsqueda de la santidad pueden usar el escapulario. La Virgen dio a los Carmelitas el escapulario como un hábito miniatura que todos los devotos pueden llevar para significar su consagración a ella. Consiste en un cordón que se lleva al cuello con dos piezas pequeñas de tela color café, una sobre el pecho y la otra sobre la espalda. Se usa bajo la ropa. Junto con el rosario y la medalla milagrosa, el escapulario es uno de los mas importantes sacramentales marianos.

¿Cómo se originó el escapulario?

La palabra escapulario viene del Latín "scapulae" que significa "hombros". Originalmente era un vestido superpuesto que cae de los hombros y lo llevaban los monjes durante su trabajo. Con el tiempo se le dio el sentido de ser la cruz de cada día que, como discípulos de Cristo llevamos sobre nuestros hombros. Para los Carmelitas particularmente, pasó a expresar la dedicación especial a la Virgen Santísima y el deseo de imitar su vida de entrega a Cristo y a los demás.

En la Edad Media era común que los príncipes y señores feudales vistieran a sus familiares y siervos con una especie de uniforme, que tenía sus colores y su emblema. Los señores se enorgullecían de tener muchas gentes vistiendo su uniforme y los siervos se enorgullecían de vestir el uniforme de un importante señor.

Los miembros de las Ordenes Religiosas empezaron usándolo para proteger su vestido mientras realizaban sus trabajos. Es de allí que le viene el doble nombre de "escudo protector" y " misión de servicio".

Después fue siendo una parte importante y distintiva del "hábito", de varias órdenes religiosas, con diferentes diseños y colores para distinguir unas de otras. Es por lo tanto el Escapulario un distintivo religioso, signo de la personal entrega y consagración al Señor nuestro Dios, vivida en una determinada espiritualidad.

El Escapulario se redujo por este motivo a dos pedacitos de lana color café, unidos por dos cintas, que hay que llevar alrededor del cuello día y noche y que es, para quienes lo visten señal de su consagración a Jesús por medio de María, reconociéndola como Señora, Madre y Reina.

Sentido del Escapulario

El Escapulario es un signo de la confianza que tenemos en la mediación maternal de la Santísima Virgen. El Escapulario por ser hábito de María, es señal y prenda de la protección de la Madre de Dios. Esto no significa que quienes lo usen con hipocresía, negligencia y sin el debido respeto y fervor, hayan de alcanzar la vida eterna.

Cuando se nos impone el Escapulario del Carmen, nos agregamos a "Los Hermanos de la Orden de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo" y siendo así tenemos el deber de vivir la espiritualidad de María y extender su culto. Principalmente debemos esforzarnos por: Conocerla, amarla, imitarla e irradiarla.

Usar el Escapulario, es un compromiso de entrega y consagración a Nuestra Señora y confianza en su protección. Morir con él, significa el cumplir y vivir ese compromiso.

El escapulario tiene 3 significados:

1) El amor y la protección maternal de María: El signo es una tela o manto pequeño. Vemos como María cuando nace Jesús lo envuelve en un manto. La Madre siempre trata de cobijar a sus hijos.

Envolver en su manto es una señal muy maternal de protección y cuidado. Señal de que nos envuelve en su amor maternal. Nos hace suyos. Nos cubre de la ignominia de nuestra desnudes espiritual.

2) Pertenencia a María: Llevamos una marca que nos distingue como sus hijos escogidos. El escapulario se convierte en el símbolo de nuestra consagración a María.

Consagración: 'pertenecer a María' es reconocer su misión maternal sobre nosotros y entregarnos a ella para dejarnos guiar, enseñar, moldear por Ella y en su corazón. Así podremos ser usados por Ella para la extensión del Reino de su Hijo.

3) El suave yugo de Cristo: "Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mi, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana". (Mt 11:29-30)

-El escapulario simboliza ese yugo que Jesús nos invita a cargar pero que María nos ayuda a llevar.

Quién lleva el escapulario debe identificarse como católico sin temor a los rechazos y dificultades que ese yugo le traiga.

Imposición del Escapulario:

-La imposición se hace preferentemente en comunidad.
-Es necesario que en la celebración quede bien expresado el sentido espiritual de las gracias unidas al Escapulario de la Virgen del Carmen y los compromisos asumidos con este signo de devoción a la Santísima Virgen.
-El primer escapulario debe ser bendecido por un sacerdote e impuesto por él mientras dice la oración:

"Recibe este escapulario bendito y pide a la Virgen Santísima que por sus méritos, lo lleves sin ninguna mancha de pecado y que te proteja de todo mal y te lleve a la vida eterna"

Alerta contra abusos:

El escapulario NO salva por si solo como si fuera algo mágico o de buena suerte, ni es una excusa para evadir las exigencias de la vida cristiana. No lleguemos a la conclusión que el escapulario está dotado de alguna clase de poder sobrenatural que nos salvará a pesar a pesar de lo que hagamos o de cuanto pequemos... Una voluntad pecadora y perversa puede derrotar la omnipotencia suplicante de la madre de la misericordia.

 

viernes 12 de junio de 2009

San Antonio y el Niño Jesús

San Antonio y el Niño Jesús

En las estampas que representan a San Antonio se le ve contemplando al Niño Jesús o bien llevándole en sus brazos. Esto se debe a su gran devoción que tenía por el Niño Jesús a lo largo de toda su vida. A pesar de todo, hay una tradición, que explica que pocos días antes de su muerte, San Antonio tuvo una visión. Antes de irse a dormir, se le apareció el mismísimo Niño Jesús, sonriente y radiante que iluminó toda la habitación. Esta escena fue vista por un compañero de celda, el hermano Tiso que hizo propósito, a petición de San Antonio, de no contárselo a nadie, pero, una vez muerto el santo, reveló el suceso, que artistas y pintores han venido desde entonces inmortalizando en lienzos y esculturas.
Una interpretación en concordancia a la razón, nos indicaría que el Niño Jesús representado en las estampas de San Antonio es en primer lugar por la devoción ya mencionada que tuvo el santo hacia él, y por el simbolismo de pobreza que representa el Niño Jesús. Una pobreza y humildad que San Antonio llevó siempre.

El pan de San Antonio

El pan de San Antonio

 

La historia del pan de San Antonio se remonta al siguiente hecho: se cuenta que Antonio se conmovía tanto con la pobreza que, una vez, distribuyó a los pobres todo el pan del convento en que vivía.

El fray panadero se dio cuenta de que no tenían que comer y se lo fue a contar al santo lo sucedido. Él lo envió de nuevo a verificar donde los había dejado. Las cestas se desbordaban de pan, tanto, que fueron distribuidos a los frailes y a los pobres del convento.

Hasta hoy en la devoción popular el "pan de San Antonio" es colocado por los fieles en los sacos de harina, con la fe de que, así, nunca les faltará que comer.

Se dice también que estando vivo el Santo, una madre prometió donar en trigo a los pobres el peso del hijo resucitado por él. La obra del Pan de los pobres ligada al Santo solo aparece a finales del siglo XIX, época de mucha hambre en Europa, sobre todo con las asociaciones de Messina y de Tolone. Que se comprometieron en transformar en pan para los pobres las afrendas dadas al Santo.

 

jueves 4 de junio de 2009

Cuidar nuestro lenguaje, nuestras expresiones de fe.

Cuidar nuestro lenguaje, nuestras expresiones de fe…

El paso de los años se ha ido encargando de hacer lo que ninguno nosotros pretendemos cuando los hacemos, pero que al fin los terminamos haciendo y pasando a la siguiente generación: acostumbrarnos a oraciones, versículos, cantos… que, aún siendo buena y loable la costumbre, los hacemos mas por rutina, por inercia o por bonita que concienzudamente. Pongo algunos ejemplos:

No tiene sentido alguno entonar «Salves» ante el Santísimo expuesto, pues no encaja lo uno con lo otro. Tampoco tiene sentido en la celebración en honor de algún santo o en las procesiones de los mismos entonar el “Ave maría”. Eso sería tanto como colocarnos frente a una imagen de Nuestra Señora y decirle: ¡Bendito y alabado sea Jesús en el Santísimo Sacramento del altar!  Y Ella, seguramente, nos dirá: ¡Hijo, estás en el lugar equivocado!.

Sería también erróneo colocarnos delante de una imagen de San Isidro o cualquier otro santo y decirle o cantarle “Dios te salve María… bendito sea el fruto de tu vientre”.

Como también sería una inoportunidad y rozaría lo ilógico rezarle a la Virgen un “Padre nuestro… venga a nosotros tu reino”.

Cabe decir lo mismo cuando en algunos santuarios o ermitas se quiere “reforzar” la devoción a tal o cual imagen con el latiguillo de “imagen milagrosa”, pues no es la imagen la que es milagrosa sino el Santo, la Virgen o Cristo a quien esa imagen representa.

Nuestro lenguaje, nuestras expresiones de fe… para que sean tales expresiones de fe tienen que ser también adecuadas, no solo bonitas o que siempre se ha hecho así.

martes 2 de junio de 2009

En orden a la Exposición del Santísimo

En orden a la Exposición del Santísimo

SABÍA USTED QUE ...

1. En la Instrucción «Eucharisticum Mysterium», del 13 de abril de 1967, en el número 66 «Se prohíbe la Exposición tenida únicamente para dar la bendición después de la Misa». Se recomienda en el mismo número (parágrafo anterior) que «Aun las Exposiciones breves del Santísimo Sacramento, tenidas según las normas del derecho, deben ordenarse de tal manera que antes de la bendición con el Santísimo Sacramento, según la oportunidad, se dedique un tiempo conveniente a la lectura de la Palabra de Dios, a los cánticos, a las preces y a la oración en silencio prolongada durante algún tiempo.

2. Para manifestar con claridad la relación con la Eucaristía celebrada o Misa, la Exposición se hace inmediatamente después de haber distribuido la Comunión de los fieles. Luego se inciensa el Santísimo, viene la oración después de la Comunión y no se da bendición de ninguna clase ni se despide a la Asamblea con el «Pueden ir en paz». Se podría concluir con el «Bendigamos al Señor», y la Asamblea respondería «Demos gracias a Dios», sin signación alguna, pues se trata de una bendición ascendente.

3. El Rosario en honor de la Santísima Virgen María, «cuando se reza con el sentido Cristológico que le es propio, recitándolo en un clima meditativo-orante, y cuando su rezo ayuda a adquirir una mayor estima del misterio eucarístico, sería inaceptable prohibirlo». Según esto, se puede rezar el Rosario, de vez en cuando, (y no siempre), ante el Santísimo expuesto sobre el altar, con tal que el enunciado de cada misterio se haga en forma más amplia, por ejemplo con alguna lectura bíblica escogida con anticipación. El Rosario, tal como lo conocemos, con un carácter eminentemente Mariano, con el simple enunciado del misterio nada más, no es conveniente recitarlo ni se debería recitar durante una Exposición del Santísimo. Mejor favorecer el silencio y la meditación, pues se trata de un ejercicio de piedad que no se puede integrar dentro de una acción litúrgica; en este caso, de la prolongación de una acción litúrgica. (Para mejor y mayor información, consultar la respuesta de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos – Boletín «Actualidad Litúrgica», Nº 39, página 10).

Por la misma razón expuesta no tiene sentido alguno entonar «Salves» ante el Santísimo expuesto, entre misterio y misterio del Rosario, pues no encaja lo uno con lo otro. Eso sería tanto como colocarnos frente a una imagen de Nuestra Señora y decirle: ¡Bendito y alabado sea Jesús en el Santísimo Sacramento del altar! Y Ella, seguramente, nos dirá: ¡Hijo, estás en el lugar equivocado!

4. Delante del Santísimo Sacramento, sea que esté en el sagrario como reserva, sea que esté expuesto para la adoración pública, se hará sólo genuflexión simple. (La Sagrada Comunión y el Culto del Misterio Eucarístico fuera de la Misa, del 21 de junio de 1973, Nº 110). De este modo, y desde esa época quedó abolida la genuflexión doble.

5. En la Exposición del Santísimo Sacramento con la custodia, se encenderán cuatro o seis cirios, es decir, cuantos haya en la Misa, y se empleará incienso. En la Exposición con el copón, se encenderán al menos dos cirios y puede usarse incienso (Ibidem, Nº 111).

6. En el Ritual mencionado no aparece por ninguna parte el versículo que tradicionalmente se ha cantado antes de la oración: «Les diste, Señor, el pan del cielo». Por consiguiente está abolido y no hay necesidad de cantarlo ni de rezarlo, como antes de hacía. Según eso, inmediatamente después del canto se entona una de las 10 Oraciones que allí se encuentran.

7. La Exposición del Santísimo concluye con la Bendición del mismo; por consiguiente, resulta ser un duplicado o doblaje de la Exposición, o mejor, con esto se estaría volviendo de nuevo a la Exposición que ya ha concluido. Sobra, por lo tanto, arrodillarse ante el Santísimo después de la Bendición para recitar las conocidas preces de alabanza (que tampoco aparecen en el Ritual del «Culto Eucarístico fuera de Misa»).

Lo mejor sería, si se quiere, recitar dichas preces («Bendito sea Dios. Bendito sea su santo nombre», etc.) antes de la oración; enseguida se da la bendición, se retira el viril o píxide y se lleva al lugar de la reserva o sagrario. La Asamblea se pone de pie y se entona un canto de acción de gracias o de alabanza. O si se prefiere, esas preces irían muy bien después de la bendición durante el tiempo del traslado del viril con la hostia consagrada al sagrario.

8. El Ritual del cual venimos hablando ofrece diez (10) oraciones para emplear antes de dar la Bendición con el Santísimo. Se hace urgente corregir la primera de todas, pues contiene un grave error teológico, a tal punto que es una oración Patripasiana (herejía patripasiana que confunde el Padre con el Hijo), porque no es el Padre Dios quien sufrió voluntariamente la Pasión, sino su Hijo Jesucristo. Tal como está, viene dirigida a Dios Padre. Hay que corregirla de inmediato, así:

1. Señor nuestro Jesucristo,

que en este Sacramento admirable

nos dejaste el Memorial de tu Pasión;

concédenos venerar de tal modo

los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre,

que experimentemos constantemente en nosotros

el fruto de tu redención.

Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Todos responden:

Amén.

Igualmente se transcriben las otras nueve para conocer su rico contenido y poderlas emplear en su momento y, de este modo, salir siempre de la primera.

2. Dios, Padre omnipotente,

concédenos sacar el efecto

de nuestra perpetua salvación

de esta fuente divina que es Jesucristo,

nacido por nosotros de la Virgen María,

glorificado en la cruz de su Pasión,

a quien creemos y proclamamos realmente presente

en este Sacramento.

Por Cristo nuestro Señor.

3. Padre celestial,

concédenos celebrar con alabanzas a Cristo,

nuestro Cordero Pascual,

muerto por nosotros en la Cruz

y presente en este Sacramento;

para que terminada nuestra peregrinación

en la tierra

merezcamos contemplarlo

cara a cara en la gloria del cielo.

Por Cristo nuestro Señor.

4. Padre celestial,

Tú que nos diste el verdadero Pan bajado del cielo

concédenos que,

fortalecidos por la eficacia

de este Alimento espiritual,

vivamos siempre en ti y para ti

y que al final de nuestra vida

resucitemos para la gloria sin fin.

Por Cristo nuestro Señor.

5. Padre de infinita bondad,

ilumina nuestros corazones con la luz de la fe

y enciende en ellos el fuego del Amor,

para que quienes reconocemos a Cristo,

Dios y Señor nuestro,

realmente presente en este Sacramento,

lo adoremos con fe en espíritu y en verdad.

Por Cristo nuestro Señor.

6. Padre misericordioso,

concédenos que el Sacramento

por el cual te dignaste renovarnos

llene nuestros corazones con la dulzura de tu amor

y nos permita aspirar a poseer

los inefables tesoros de tu Reino.

Por Cristo nuestro Señor.

7. Dios y Señor nuestro,

que por el Misterio Pascual de Cristo

has querido realizar la redención de los hombres;

al venerar este misterio de nuestra salvación,

te pedimos que conserves en nosotros

los dones de tu amor,

y nos concedas participar plenamente

en los frutos de la redención.

Por Cristo nuestro Señor.

8. Padre celestial,

concédenos celebrar con alabanzas

a Cristo, nuestro Cordero Pascual,

muerto por nosotros en la Cruz

y ahora oculto en este Sacramento

bajo la especie de Pan

para que terminada nuestra peregrinación

en la tierra,

merezcamos contemplarlo a Él mismo

cara a cara en la gloria.

Por Cristo nuestro Señor.

9. Padre misericordioso,

concédenos que el Sacramento de la Eucaristía,

Memorial de nuestra Redención,

Llene nuestros corazones con la dulzura de tu Amor

Y nos permita aspirar a poseer

los inefables tesoros de tu Reino.

Por Cristo nuestro Señor.

10. Padre celestial,

en tu designio salvífico

has querido realizar la redención de los hombres

por medio del Misterio Pascual de Cristo;

concede misericordioso

a quienes anunciamos la Muerte

y Resurrección del Señor

bajo estos signos sacramentales,

que experimentemos un aumento constante

de redención.

Por Cristo nuestro Señor.

EL CULTO A LA EUCARISTÍA y origen de la fiesta del CORPUS

EL CULTO A LA EUCARISTÍA y origen de la fiesta del CORPUS

Artículo publicado por Antonio Marín Sánchez

A finales del siglo XII se apoderó de la cristiandad occidental el ansia de ver, contemplar y adorar la hostia consagrada. Este deseo surgió como reacción a las ya condenadas doctrinas de Berengario y los cátaro-albigenses que, de una forma u otra negaban la presencia real de Cristo en la Eucaristía.

Posteriormente, hacia el año 1212, Odón, obispo de París, emitió un decreto ordenando la elevación de la Sagrada Forma, tras las palabras de la consagración, para que fuera adorada por los fieles. Este decreto no hizo otra cosa que sancionar una costumbre ya existente pero ayudó a difundirla.

El liturgista alemán Mayer (1926) escribe: “Quien había contemplado la Hostia se encontraba externamente satisfecho e internamente justificado. Se llegó incluso a la aberración de que muchos, una vez saciado este irreprimible deseo abandonasen la misa, o que un grupo de exaltados entablasen proceso a un párroco porque les había señalado en el templo un sitio desde el que no se podía contemplar el rito de la elevación”.

Como consecuencia de querer ver las especies consagradas se fue introduciendo la costumbre de exponer y adorar el sacramento sobre los altares fuera de la misa.

La reserva de la eucaristía, concebida anteriormente como exclusiva necesidad para atender a enfermos y moribundos, se consideró ahora como un fin en sí misma, siempre en el lugar más digno y visible del templo, en el altar mayor, sirviendo como acicate al entusiasmo religioso y como fuente inextinguible de unión subjetiva entre Dios y el individuo.

Es fácil comprender que, desde entonces, se sucedieran con inusitada rapidez nuevas formas de culto litúrgico eucarístico. a) En 1264, el Papa Urbano IV instituye la fiesta del Corpus Christi. b) En 1279, se celebró en Roma la primera procesión pública con el Santísimo. c) En 1395, se introdujo la exposición permanente del Santísimo.

Esta “exposición” de la Hostia Consagrada se institucionalizó y se difundió universalmente a través de la devoción llamada de las “Cuarenta Horas”, uno de los ritos eucarísticos más populares de la Contrarreforma católica.

Esta liturgia provenía de una remota ceremonia consistente en que una de las formas consagradas en la misa del Jueves Santo, una vez finalizada la liturgia del Viernes, era llevada solemnemente, en procesión, a un altar o sitio dentro de la iglesia, al que se designaba con el nombre de sepulcro (Monumento). Este sepulcro era velado durante las cuarenta horas que se pensaba que Cristo había permanecido sepultado. En la alborada del Domingo de Pascua se sacaba la Sagrada Forma del sepulcro, devolviéndola al altar mayor donde era presentada al pueblo y con este rito se simbolizaba la resurrección

Este peculiar rito de la exposición de las Cuarenta Horas se difundió ampliamente a partir del siglo XVI por motivos de devoción, de reparación, de plegaria y otros fines o celebraciones diversas.

El papa Clemente VIII (1592 – 1605) relacionó esta piadosa costumbre con el Carnaval y la Cuaresma. El ejercicio de las Cuarenta horas comenzaba el domingo de Carnaval, con fines expiatorios, en la capilla papal e iba rotando de iglesia en iglesia durante toda la Cuaresma, de modo que se convirtió en una exposición permanente. Las distintas iglesias de Roma rivalizaban en levantar grandes aparatos escenográficos donde el Santísimo era expuesto en medio de nubes, ángeles y otras figuras alegóricas y todo el conjunto iluminado por centenares de cirios. Quizás el templo donde se erigieron los “apparati” más espectaculares fue el de los jesuitas, es decir, el Gesú.

La devoción al Santísimo y a las Cuarenta Horas se propagó rápidamente por todo el mundo católico, incluida naturalmente España. Su celebración ha dado lugar a las grandes fiestas y procesiones del Corpus. La producción artística, monumental, musical, literaria (Autos sacramentales) son incalculables, como las artísticas y riquísimas “custodias” y “torrecillas” que actualmente se exhiben en los museos. Merece especial mención la incomparable custodia-torrecilla de Arfe en la Catedral de Toledo. Son muchas las Ordenes Religiosas, iglesias, conventos y otras instituciones que se acogen a esta devoción del Santísimo Sacramento.

El Concilio de Trento coadyuvó, de forma definitiva, al afianzamiento y expansión del misterio Eucarístico. Este concilio condenó con severa energía la herejía de Zwinglio, que negaba la presencia de Cristo en la Eucaristía y también condenó como erróneas las opiniones de Lutero y Calvino sobre el carácter sacrificial de la misa, el sacerdocio de Cristo y el sacerdocio institucional y jerárquico dentro de la Iglesia.

La exaltación gráfica, escultórica y monumental del tema eucarístico en España fue abundante y significativa. Tenemos como ejemplos el Transparente de la catedral de Toledo, el Sagrario de la Cartuja del Paular y, en Granada, el sagrario de la Cartuja situado tras el altar mayor. En estos y otros monumentos eucarísticos, como afirmaba el jesuita Richoeme en 1601, aparecen “cosas y acciones muy notables de la Ley Natural y de la Ley Mosaica que sirven para demostrar, como prefiguraciones, la institución definitiva del Santo Sacrificio y del sacramento del Cuerpo y la Sangre de Cristo”.

En algunas catedrales, colegiatas o iglesias mayores se construyeron o habilitaron las capillas más ricas y amplias para la instalación de los “Sagrarios” destinadas a la reserva y culto del Santísimo.

En Andalucía, a partir del siglo XV, se construyeron iglesias anejas a la catedral denominadas “Sagrario” y que funcionan como parroquias de dicha catedral.

 

viernes 22 de mayo de 2009

Análisis de la Piedad Popular

ORIGEN DE LA DEVOCIÓN DE LAS ROSAS DE SANTA RITA

ORIGEN DE LA DEVOCIÓN DE LAS ROSAS DE SANTA RITA
Las Rosas de Santa Rita de Casia deben su origen al hecho de que Santa Rita, estando ya gravemente enferma en su convento de Casia y próxima a la muerte fue visitada por una pariente suya quien, al despedirse. juzgando que seria ya la última vez que habría de verla le preguntó si podía servirle en algo, a lo que Rita contestó: quiero que cuando llegues a Roca Porrena vayas al huerto de mi casa, cortes una rosa y me la traigas tan luego la obtengas.

Como era el tiempo de invierno y en aquel año de 1457 se estaba distinguiendo por la intensidad de su crudeza, la mujer creyó que Rita deliraba ya por su enfermedad y juzgando un desatino el encargo de la enferma, regresó a la villa sin acordarse para nada de la rosa; pero pasando junto al huerto de la casa de Rita, bien haya sido por curiosidad o por impulso sobrenatural, entró en él y vio con asombro que de la rama de un rosal medio cubierto por la nieve, pendía una rosa fresca y lozana; loca de alegría, la corta retorna a Casia y entrega a Rita la rosa deseada, que se conservó largo tiempo fresca despidiendo un intenso perfume.

Este hecho originó el que las Religiosas Agustinas de Casia acostumbrasen cubrir con rosas la urna en que yace el cuerpo incorrupto de Santa Rita, especialmente el 22 de mayo, aniversario de su piadosa muerte. Estas rosas eran distribuidas todos los años entre los bienhechores y amigos de Convento, los cuales las conservaban como preciosas reliquias. El Señor, que se complace en honrar a sus santos y en glorificar a sus siervos, quiso que, mediante las rosas que habían adornado el sepulcro de Santa Rita se verificaran curaciones milagrosas. Con este motivo se extendió muy pronto por todas partes la noticia de las rosas de la Santa, como también los muchos y extraordinarios favores, alcanzados por el contacto de estas rosas.

BENDICIÓN DE LAS ROSAS
En la actualidad y desde hace mucho tiempo, se bendicen las rosas solemnemente el 22 de mayo, distribuyéndolas entre los fieles devotos. Son innumerables las gracias y favores obtenidos por intercesión de Santa Rita mediante el uso o contacto de estas rosas benditas. Consta que en el proceso de canonización de la Santa se presentaron muchos enfermos curados, quienes declararon haber recobrado la salud con las rosas de Santa Rita.

FINALIDAD DE ESTA DEVOCIÓN
El Ritual Agustiniano dice que estas rosas se usan para recobrar la salud de las enfermedades y para recibir la ayuda de Dios en cualquier necesidad. Como todos los Sacramentales, tiene la eficacia de la oración de la Iglesia y la de la fe de los fieles que las emplean.

jueves 7 de mayo de 2009

Reflexiones en torno a la piedad popular

La piedad popular

Aunque la liturgia es la cumbre a la que tiende toda la actividad de la Iglesia y la fuente de donde mana toda su fuerza, no agota toda su actividad ni la vida espiritual de los fieles.

Liturgia es celebración donde damos culto a Dios como hijos agradecidos, y donde celebramos los ritos conmemorativos de la historia de la salvación, historia de nuestros padres, y nuestra propia salvación. El rito actualiza aquellos momentos importantes, que aun perteneciendo al pasado se hacen presentes en nuestra vida. Pero nuestra vida sigue, nuestra época es distinta, tenemos otros gustos y otras formas, y por eso, la Iglesia, además de la participación en la liturgia, fomenta y recomienda celebraciones y otros ejercicios de piedad popular.

La Iglesia, unas veces, asume sin más ciertas manifestaciones que brotan de la genuina experiencia de la fe y religiosidad del pueblo cristiano; otras debe purificarlas de omisiones, acentuaciones excesivas o incluso de manifestaciones supersticiosas.

He aquí la pregunta catequética: ¿Por qué tiene importancia la piedad popular en la vida cristiana? ¿No es algo de poco valor?

La experiencia secular de la Iglesia atestigua que este tipo de piedad ha producido abundantes frutos de vida cristiana en las familias y en los pueblos. Apoyada por esta experiencia y la luz del Espíritu Santo, la Iglesia cree que esta piedad puede seguir prestando grandes servicios a una fe verdaderamente inculturada, según la diversidad de los pueblos y continentes.

Cada uno podría recordar aquí cuáles son las manifestaciones de la piedad popular que más le ayudan, incluso aquellas que menos le ayudan y que habría que corregir o cambiar, y después comentarlo con el sacerdote y con otros amigos.

La piedad popular tiene múltiples manifestaciones a lo largo del curso del Año Litúrgico, especialmente durante la Cuaresma, Semana Santa y el Triduo Pascual. Durante el Tiempo Ordinario son múltiples las manifestaciones en torno a la Virgen María, los fieles difuntos y los Santos. Forman parte inseparable de esta piedad las peregrinaciones, las romerías a los santuarios, la visita a los cementerios, las procesiones, etcétera.

La familia cristiana ha estado muy vinculada con estas manifestaciones de piedad, especialmente con las peregrinaciones y romerías a los santuarios marianos, algunos de los cuales son mundialmente famosos; y ha trasmitido estas costumbres de padres a hijos.

Todavía hoy no son pocas las familias cristianas que acuden con sus hijos a los santuarios de la Virgen y allí, además de realizar sus devociones, reciben los sacramentos de la Penitencia y Eucaristía.

Cabría en este momento otra pregunta para la reflexión, y para intentar cambiar los excesos piadosos ¿Lleva la piedad popular a exaltar a María y a los Santos por encima de Dios?

Junto a estas manifestaciones, existen otras más cotidianas, como la bendición de la mesa en las comidas, el rezo del santo rosario en familia, la bendición de las casas o de los vehículos, la romería al santuario de la Patrona, la petición de la lluvia o la protección frente a las calamidades públicas, etc.

Puesto que la fe ha informado estas costumbres y prácticas religiosas, es conveniente que los padres continúen viviéndolas y trasmitan a los hijos ese espíritu sencillo y recio, de vivir sus relaciones con Dios en medio de las situaciones de su vida, no sólo extraordinarias sino más comunes.

Además, la fuerza de estas prácticas ha ejercido y ejerce una gran labor en la identidad de los pueblos y en la expresión externa de la fe profesada. Cuando tales manifestaciones se traducen en expresión social, se convierten en testimonio gozoso de la propia fe para los no creyentes y estímulo para los débiles.

viernes 20 de marzo de 2009

Lo dice el Papa

Escribe Joseph Ratzinger en su obra El espíritu de la liturgia:

La religiosidad popular es el humus sin el cual la liturgia no puede desarrollarse. Desgraciadamente muchas veces fue despreciada e incluso pisoteada por parte de algunos sectores del Movimiento Litúrgico y con ocasión de la reforma postconciliar.

Y, sin embargo, hay que amarla, es necesario purificarla y guiarla, acogiéndola siempre con gran respeto, ya que es la manera con la que la fe es acogida en el corazón del pueblo, aun cuando parezca extraña o sorprendente.

Es la raigambre segura e interior de la fe.

Allí donde se marchite, lo tienen fácil el racionalismo y el sectarismo.

Al entrar en la iglesia

Al entrar en la Iglesia

Cuando entramos en la iglesia, lo hacemos sin prisas y guardando el silencio debido.

Tomamos un poco de agua bendita con los dedos y hacemos la señal de la Cruz.

Si alguien nos acompaña, le ofreceremos agua bendita para que él también se santigüe. Al salir, podemos hacer lo mismo.

Después de santiguarnos, nos dirigimos al lugar donde esté el Sagrario para adorar a Jesús Sacramentado.

Haremos una genuflexión bien hecha, mirando hacia el sagrario. Y procuraremos acompañar este acto externo con alguna jaculatoria o acto de amor.

La genuflexión se hace con la rodilla derecha y el cuerpo recto, sin necesidad de santiguarse en ese momento.

 

martes 10 de marzo de 2009

Criterios para DISCERNIR y EVANGELIZAR la Piedad Popular

CRITERIOS PARA DISCERNIR Y EVANGELIZAR LA PIEDAD POPULAR

 

            El discernimiento es condición necesaria y previa para la evangelización. Para facilitar dicho discernimiento se ofrecen algunos criterios:

 

            1.Abandonar posturas extremistas. En la piedad popular ni todo es rechazable ni todo es admisible. La pastoral no debe tender a eliminar la piedad popular ni a mantenerla pura y simplemente en sus manifestaciones tradicionales. Entre esos extremos se impone una vía media que se apoya en la convicción de que es posible y conveniente tanto la conservación como el cambio de ciertas formas de piedad popular. Hay dimensiones coherentes con el Evangelio que han de ser potenciadas y corregidas en lo que tengan de defectuoso. Hay elementos neutros o indiferentes respecto a los valores cristianos, ante los que hay que ser tolerantes y permisivos, pues no va ni a favor ni en contra del Evangelio. También los hay contrarios al espíritu evangélico y habrá que luchar por eliminarnos. Potenciar, purificar y eliminar es propio de toda tarea evangelizadora.

 

            2.-Abandonar criterios preconcebidos. Para llevar a cabo el discernimiento es preciso abandonar criterios preconcebidos, para no caer en el error de considerar eliminable aquello que no coincide con su propia religiosidad y cultura o aquello que, tras una purificación y corrección sería perfectamente asumible. Los Obispos dicen: "La renovación evangélica y las reformas litúrgicas, catequéticas, pastorales, etc, deben abstenerse de imponer al pueblo formas prefabricadas por círculos minoritarios según sus esquemas teóricos. Han de esforzarse por responder a las exigencias religiosas populares, conectadas a la vez con la realidad del Misterio que se les comunica y con su vida real. Es así como el pueblo tendrá libertad religiosa para hacer brotar nuevas formas de expresión auténticamente evangélicas y eclesiales tanto como populares" (CPSE 6.5).

 

            3.-Acercarnos con respeto amoroso.             A la hora del discernimiento ha de guiarnos siempre el respeto hacia las personas que viven y manifiestan su fe a través de expresiones religioso-populares. La amistad, la simpatía y la sencillez son virtudes que facilitarán la tarea renovadora. Y junto a ellas, una buena dosis de paciencia para respetar los ritmos lentos de evolución y sensibilidad.

 

            4.-Es necesario un conocimiento profundo "desde dentro", no superficial. Las manifestaciones externas son en principio neutras, lo que las avala es la actitud religiosa, más o menos evangélica. Un mismo gesto o acto religiosa puede expresar una fe cristiana de calidad o una superstición. Todo depende de los motivos, actitudes y valores que entran en juego.

 

            5.-Discernir a la luz de la Palabra de Dios. La Palabra de Dios es el criterio iluminador. Y el seguimiento de Cristo es el que avala la condición de discípulo. Pero nadie puede imitar a Cristo en toda su riqueza espiritual. En este discernimiento no podemos olvidar las enseñanzas de Jesús que emitió juicios sobre la religiosidad judía, sobre la verdadera y falsa religión, sobre el verdadero culto, los lugares de culto y su importancia relativa, cómo deben ser nuestras relaciones con Dios, etc.

 

CONCLUSIÓN: EVANGELIZAR

            Los agentes de pastoral de cada comunidad parroquial han de realizar estos discernimientos convencidos de que el conocimiento de la piedad popular es:

            -Un instrumento válido para conocer en profundidad cómo es el mismo pueblo.

            -Necesaria para programar con realismo el plan pastoral parroquial y las programaciones educativas del profesorado de religión.

            La misión de la Iglesia es evangelizar. La única actitud evangélica hacia la piedad popular es la que nos lleva a una intensa y esmerada evangelización.

 

            1.-La evangelización debe llevar, como primer paso, a la conversión del corazón.

            La evangelización de la piedad popular no puede quedar en algo superficial, sólo en manifestaciones externas, prácticas, ritos, costumbres... Lo fundamental son las motivaciones y actitudes que el hombre posee.

            La evangelización de la piedad popular ha de llevar a interiorizar una misma religiosidad, lo que exige unidad coherente entre la práctica y el corazón.

 

            2.-La tarea evangelizadora tiende también a liberar al hombre de sus esclavitudes y a humanizarlo.

            La evangelización de la piedad popular debe ayudar a liberarla de sus esclavitudes inherentes. Una religiosidad insuficientemente evangelizada tiende a esclavizarse con las servidumbres del temor, ritualismo... La evangelización debe llevar a la relativización y a la superación de la observancia ritualista estricta.

            La verdadera religiosidad ha de contribuir a que la persona lo sea más cada día, se libere, se humanice. En la piedad popular hay que potenciar todo lo que potencie el humanismo y combatir lo que refuerce el egoísmo y aislacionismo.

 

            3.-La evangelización culmina siempre con el compromiso en la vida que lleva al evangelizado a ser evangelizador.

            La evangelización de la piedad popular debe llevar a proyectar en la vida los valores cristianos encerrados en la misma. Ha de llevar del amor de Dios al amor fraterno. De la gratitud lealtad, abnegación, aceptación de la voluntad para con Dios a la proyección de gratitud, servicio, sacrificio, comprensión, ayuda, perdón, de los hermanos. De la vivencia fiel estricta de los compromisos con Dios al compromiso fraterno y comunitario. De sentirse miembro de un pueblo religioso, que como colectividad manifiesta su religiosidad a sentirse responsable directo de la promoción humana y social del mismo pueblo.

            Dicen los Obispos: "la relación entre la renovación popular religiosa y el avance social tiene decisiva importancia para la construcción de una región y una cultura moderna en ella. El catolicismo popular ha de superar todo dualismo entre su religiosidad y la acción social de los cristianos para cumplir las exigencias del Evangelio" (CPSE nº 7.3)

 

            4.-Normalmente toda evangelización exige un largo proceso.

            Evangelizar la piedad popular  exige mucho tiempo, paciencia, constancia, sabiduría pastoral para no caer en la tentación de dar saltos, creyendo evangelizado lo que no está, ni de apagar la mecha que huma, por no saber descubrir destellos de evangelio donde los hay.

 

            5.-La evangelización siempre se dirige a la persona concreta.

            Ha de considerar la situación de la persona a la que se dirige. Sus manifestaciones religiosas, sus motivaciones, actitudes... Evangelizarlo consistirá en: unas veces, comunicarle valores, actitudes, motivaciones más evangélicas. Otras, ayudarle a descubrir lo que de evangélico hay en él.

Nunca dejarlo en un vacío religioso, fruto de eliminar prácticas religiosas sin poner otras más válidas que las sustituyan, o de cambiar las prácticas exteriores por otras sin una catequesis previa. Tampoco es evangelizar el extremo opuesto: crear indiscriminadamente nuevas prácticas o nuevas asociaciones piadosas o hermandades.

 

            6.-El evangelizador siempre cumple su misión, llevado de su amor a Jesucristo y a los hermanos.

            No podemos olvidar ese criterio. La pastoral ha de mantener siempre la primacía de la caridad.

 

            7.-La evangelización usa de la pedagogía para ser eficaz.

            Pablo VI habla de orientar la religiosidad "mediante una pedagogía de la evangelización "(EN 48). Bajo este aspecto el evangelizador ha de procurar:

            -Buscar apoyo en los valores de por sí evangelizadores que contiene la piedad popular.

            -Tener presentes aquellas deficiencias que descubre en la sociedad de hoy y aprovechar las soluciones que presenta la piedad popular.

            -Concentrar los esfuerzos evangelizadores en aquellos aspectos de la religiosidad popular que considere más fundamentales, importantes y urgentes de renovación.

 

La piedad popular ofrece la oportunidad de encontrar a Cristo viviente y lleva aun compromiso de conversión y práctica de la caridad.

 

ORIENTACIONES PASTORALES

 

1.-Procede afirmar y proclamar el carácter religioso de las manifestaciones de la piedad popular entre nosotros.

            En la piedad popular está presente la verdadera fe cristiana.

 

2.-Afirmar el papel del ministerio jerárquico en ellas.

            A fin de evitar desvíos y que se mantenga el sentido original.

 

3.-Predicar la coherencia entre fe y vida.

            Exige recordar en la predicación las exigencias de la coherencia entre la fe, la moral y el compromiso cristiano que comporta la participación en estos actos, y más especialmente en sus dirigentes.

 

4.-Evitar toda manipulación, tanto la apropiación política como su instrumentalización comercial, turística...

            Muchas cosas se pueden decir de esto.

 

5.-Evitar la secularización

            Se recomienda:

            -Esfuerzo por recuperar el valor religioso de ciertos signos, ya secularizados, fiestas, ritos y costumbres.

            -Aprovechamiento de elementos tales como símbolos, lenguaje popular y fiestas populares para una adecuada catequesis.

            -Hacer un elenco detallado de los recursos pastorales que ofrece la tradición popular, con sugerencias para su aprovechamiento pastoral.

            -Incorporación de acciones pastorales a la dinámica de las celebraciones populares, aprovechando celebraciones litúrgicas cercanas o creándolas, como preparación catequética.

            -Eliminación de excesos y aditamentos impropios, a fin de que lo religioso hable por sí mismo.

            -Desarrollo del sentido cristiano de fiesta y fraternidad.

 

6.-Crear conciencia colectiva.

            Se recomienda:

            -El estudio entre responsables pastorales de este tema. Pertenece a la formación permanente del clero y a la reflexión entre responsables de los distintos niveles, así como a la formación de los dirigentes seglares de hermandades y cofradías.

            -Los responsables de organizaciones de apostolado seglar presten atención a las posibilidades que ofrecen las manifestaciones de la piedad popular como lugar de acción y compromiso de los seglares cristianos. Se aprecia un alejamiento entre ambos sectores.

 

jueves 19 de febrero de 2009

La Piedad Popular y el Miércoles de Ceniza

La Piedad Popular y el Miércoles de Ceniza

La imposición de las cenizas nos recuerda que nuestra vida en la tierra es pasajera y que nuestra vida definitiva se encuentra en el Cielo.

La Cuaresma comienza con el Miércoles de Ceniza y es un tiempo de oración, penitencia y ayuno. Cuarenta días que la Iglesia marca para la conversión del corazón.

Las palabras que se usan para la imposición de las cenizas, son:

  • “Concédenos, Señor, el perdón y haznos pasar del pecado a la gracia y de la muerte a la vida”
  • “Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás"
  • “Arrepiéntete y cree en el Evangelio”.

 

Origen de la costumbre

Antiguamente los judíos acostumbraban cubrirse de ceniza cuando hacían algún sacrificio y los ninivitas también usaban la ceniza como signo de su deseo de conversión de su mala vida a una vida con Dios.

En los primeros siglos de la Iglesia, las personas que querían recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo, se ponían ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad vestidos con un "hábito penitencial". Esto representaba su voluntad de convertirse.

En el año 384 d.C., la Cuaresma adquirió un sentido penitencial para todos los cristianos y desde el siglo XI, la Iglesia de Roma acostumbra poner las cenizas al iniciar los 40 días de penitencia y conversión.

Las cenizas que se utilizan se obtienen quemando las palmas usadas el Domingo de Ramos de año anterior. Esto nos recuerda que lo que fue signo de gloria pronto se reduce a nada.

También, fue usado el período de Cuaresma para preparar a los que iban a recibir el Bautismo la noche de Pascua, imitando a Cristo con sus 40 días de ayuno.

La imposición de ceniza es una costumbre que nos recuerda que algún día vamos a morir y que nuestro cuerpo se va a convertir en polvo.

Nos enseña que todo lo material que tengamos aquí se acaba. En cambio, todo el bien que tengamos en nuestra alma nos lo vamos a llevar a la eternidad. Al final de nuestra vida, sólo nos llevaremos aquello que hayamos hecho por Dios y por nuestros hermanos los hombres.

Cuando el sacerdote nos pone la ceniza, debemos tener una actitud de querer mejorar, de querer tener amistad con Dios. La ceniza se le impone a los niños y a los adultos.

Significado del carnaval al inicio de la Cuaresma

La palabra carnaval significa adiós a la carne y su origen se remonta a los tiempos antiguos en los que por falta de métodos de refrigeración adecuados, los cristianos tenían la necesidad de acabar, antes de que empezara la Cuaresma, con todos los productos que no se podían consumir durante ese período (no sólo carne, sino también leche, huevo, etc.)

Con este pretexto, en muchas localidades se organizaban el martes anterior al miércoles de ceniza, fiestas populares llamadas carnavales en los que se consumían todos los productos que se podrían echar a perder durante la cuaresma.

Muy pronto empezó a degenerar el sentido del carnaval, convirtiéndose en un pretexto para organizar grandes comilonas y para realizar también todos los actos de los cuales se "arrepentirían" durante la cuaresma, enmarcados por una serie de festejos y desfiles en los que se exaltan los placeres de la carne de forma exagerada, tal como sigue sucediendo en la actualidad en los carnavales de algunas ciudades, como en Río de Janeiro, Brasil o Nuevo Orleans, Estados Unidos.

El ayuno y la abstinencia

El miércoles de ceniza y el viernes santo son días de ayuno y abstinencia. La abstinencia obliga a partir de los 14 años y el ayuno de los 18 hasta los 59 años. El ayuno consiste hacer una sola comida al día y la abstinencia es no comer carne. Este es un modo de pedirle perdón a Dios por haberlo ofendido y decirle que queremos cambiar de vida para agradarlo siempre.

La oración

La oración en este tiempo es importante, ya que nos ayuda a estar más cerca de Dios para poder cambiar lo que necesitemos cambiar de nuestro interior. Necesitamos convertirnos, abandonando el pecado que nos aleja de Dios. Cambiar nuestra forma de vivir para que sea Dios el centro de nuestra vida. Sólo en la oración encontraremos el amor de Dios y la dulce y amorosa exigencia de su voluntad.

Para que nuestra oración tenga frutos, debemos evitar lo siguiente:

La hipocresía: Jesús no quiere que oremos para que los demás nos vean llamando la atención con nuestra actitud exterior. Lo que importa es nuestra actitud interior.

La disipación: Esto quiere decir que hay que evitar las distracciones lo más posible. Preparar nuestra oración, el tiempo y el lugar donde se va a llevar a cabo para podernos poner en presencia de Dios.

La multitud de palabras: Esto quiere decir que no se trata de hablar mucho o repetir oraciones de memoria sino de escuchar a Dios. La oración es conformarnos con Él; nuestros deseos, nuestras intenciones y nuestras necesidades. Por eso no necesitamos decirle muchas cosas. La sinceridad que usemos debe salir de lo profundo de nuestro corazón porque a Dios no se le puede engañar.

 

miércoles 18 de febrero de 2009

La Piedad Popular y el "Vía Matris"

La Piedad Popular y el "Vía Matris"

 

136. Así como en el plan salvífico de Dios (cfr. Lc 2,34-35) están asociados Cristo crucificado y la Virgen dolorosa, también los están en la Liturgia y en la piedad popular.

 

Como Cristo es el "hombre de dolores" (Is 53,3), por medio del cual se ha complacido Dios en "reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz" (Col 1,20), así María es la "mujer del dolor", que Dios ha querido asociar a su Hijo, como madre y partícipe de su Pasión (socia Passionis).

 

Desde los días de la infancia de Cristo, toda la vida de la Virgen, participando del rechazo de que era objeto su Hijo, transcurrió bajo el signo de la espada (cfr. Lc 2,35). Sin embargo, la piedad del pueblo cristiano ha señalado siete episodios principales en la vida dolorosa de la Madre y los ha considerado como los "siete dolores" de Santa María Virgen.

 

Así, según el modelo del Vía Crucis, ha nacido el ejercicio de piedad del Vía Matris dolorosae, o simplemente Vía Matris, aprobado también por la Sede Apostólica. Desde el siglo XVI hay ya formas incipientes del Vía Matris, pero en su forma actual no es anterior al siglo XIX. La intuición fundamental es considerar toda la vida de la Virgen, desde el anuncio profético de Simeón (cfr. Lc 2,34-35) hasta la muerte y sepultura del Hijo, como un camino de fe y de dolor: camino articulado en siete "estaciones", que corresponden a los "siete dolores" de la Madre del Señor.

 

137. El ejercicio de piedad del Vía Matris se armoniza bien con algunos temas propios del itinerario cuaresmal. Como el dolor de la Virgen tiene su causa en el rechazo que Cristo ha sufrido por parte de los hombres, el Vía Matris remite constante y necesariamente al misterio de Cristo, siervo sufriente del Señor (cfr. Is 52,13-53,12), rechazado por su propio pueblo (cfr. Jn 1,11; Lc 2,1-7; 2,34-35; 4,28-29; Mt 26,47-56; Hech 12,1-5). Y remite también al misterio de la Iglesia: las estaciones del Vía Matris son etapas del camino de fe y dolor en el que la Virgen ha precedido a la Iglesia y que esta deberá recorrer hasta el final de los tiempos.

 

El Vía Matris tiene como máxima expresión la "Piedad", tema inagotable del arte cristiano desde la Edad Media.

La Piedad Popular y el "Vía Crucis"

La Piedad Popular y el "Vía Crucis"

 

131. Entre los ejercicios de piedad con los que los fieles veneran la Pasión del Señor, hay pocos que sean tan estimados como el Vía Crucis. A través de este ejercicio de piedad los fieles recorren, participando con su afecto, el último tramo del camino recorrido por Jesús durante su vida terrena: del Monte de los Olivos, donde en el "huerto llamado Getsemani" (Mc 14,32) el Señor fue "presa de la angustia" (Lc 22,44), hasta el Monte Calvario, donde fue crucificado entre dos malhechores (cfr. Lc 23,33), al jardín donde fue sepultado en un sepulcro nuevo, excavado en la roca (cfr. Jn 19,40-42).

 

Un testimonio del amor del pueblo cristiano por este ejercicio de piedad son los innumerables Vía Crucis erigidos en las iglesias, en los santuarios, en los claustros e incluso al aire libre, en el campo, o en la subida a una colina, a la cual las diversas estaciones le confieren una fisonomía sugestiva.

 

132. El Vía Crucis es la síntesis de varias devociones surgidas desde la alta Edad Media: la peregrinación a Tierra Santa, durante la cual los fieles visitan devotamente los lugares de la Pasión del Señor; la devoción a las "caídas de Cristo" bajo el peso de la Cruz; la devoción a los "caminos dolorosos de Cristo", que consiste en ir en procesión de una iglesia a otra en memoria de los recorridos de Cristo durante su Pasión; la devoción a las "estaciones de Cristo", esto es, a los momentos en los que Jesús se detiene durante su camino al Calvario, o porque le obligan sus verdugos o porque está agotado por la fatiga, o porque, movido por el amor, trata de entablar un diálogo con los hombres y mujeres que asisten a su Pasión.

 

En su forma actual, que está ya atestiguada en la primera mitad del siglo XVII, el Vía Crucis, difundido sobre todo por San Leonardo de Porto Mauricio (+1751), ha sido aprobado por la Sede Apostólica, dotado de indulgencias y consta de catorce estaciones.

133. El Vía Crucis es un camino trazado por el Espíritu Santo, fuego divino que ardía en el pecho de Cristo (cfr. Lc 12,49-50) y lo impulsó hasta el Calvario; es un camino amado por la Iglesia, que ha conservado la memoria viva de las palabras y de los acontecimientos de los último días de su Esposo y Señor.

 

En el ejercicio de piedad del Vía Crucis confluyen también diversas expresiones características de la espiritualidad cristiana: la comprensión de la vida como camino o peregrinación; como paso, a través del misterio de la Cruz, del exilio terreno a la patria celeste; el deseo de conformarse profundamente con la Pasión de Cristo; las exigencias de la sequela Christi, según la cual el discípulo debe caminar detrás del Maestro, llevando cada día su propia cruz (cfr. Lc 9,23)

 

Por todo esto el Vía Crucis es un ejercicio de piedad especialmente adecuado al tiempo de Cuaresma.

 

134. Para realizar con fruto el Vía Crucis pueden ser útiles las siguientes indicaciones:

 

- la forma tradicional, con sus catorce estaciones, se debe considerar como la forma típica de este ejercicio de piedad; sin embargo, en algunas ocasiones, no se debe excluir la sustitución de una u otra "estación" por otras que reflejen episodios evangélicos del camino doloroso de Cristo, y que no se consideran en la forma tradicional;

 

- en todo caso, existen formas alternativas del Vía Crucis aprobadas por la Sede Apostólica o usadas públicamente por el Romano Pontífice: estas se deben considerar formas auténticas del mismo, que se pueden emplear según sea oportuno;

 

- el Vía Crucis es un ejercicio de piedad que se refiere a la Pasión de Cristo; sin embargo es oportuno que concluya de manera que los fieles se abran a la expectativa, llena de fe y de esperanza, de la Resurrección; tomando como modelo la estación de la Anastasis al final del Vía Crucis de Jerusalén, se puede concluir el ejercicio de piedad con la memoria de la Resurrección del Señor.

 

135. Los textos para el Vía Crucis son innumerables. Han sido compuestos por pastores movidos por una sincera estima a este ejercicio de piedad y convencidos de su eficacia espiritual; otras veces tienen por autores a fieles laicos, eminentes por la santidad de vida, doctrina o talento literario.

 

La selección del texto, teniendo presente las eventuales indicaciones del Obispo, se deberá hacer considerando sobre todo las características de los que participan en el ejercicio de piedad y el principio pastoral de combinar sabiamente la continuidad y la innovación. En todo caso, serán preferibles los textos en los que resuenen, correctamente aplicadas, las palabras de la Biblia, y que estén escritos con un estilo digno y sencillo.

 

Un desarrollo inteligente del Vía Crucis, en el que se alternan de manera equilibrada: palabra, silencio, canto, movimiento procesional y parada meditativa, contribuye a que se obtengan los frutos espirituales de este ejercicio de piedad.

La Piedad Popular y el tiempo de Cuaresma

La Piedad Popular y el tiempo de Cuaresma

 

124. La Cuaresma es el tiempo que precede y dispone a la celebración de la Pascua. Tiempo de escucha de la Palabra de Dios y de conversión, de preparación y de memoria del Bautismo, de reconciliación con Dios y con los hermanos, de recurso más frecuente a las "armas de la penitencia cristiana": la oración, el ayuno y la limosna (cfr. Mt 6,1-6.16-18).

 

En el ámbito de la piedad popular no se percibe fácilmente el sentido mistérico de la Cuaresma y no se han asimilado algunos de los grandes valores y temas, como la relación entre el "sacramento de los cuarenta días" y los sacramentos de la iniciación cristiana, o el misterio del "éxodo", presente a lo largo de todo el itinerario cuaresmal. Según una constante de la piedad popular, que tiende a centrarse en los misterios de la humanidad de Cristo, en la Cuaresma los fieles concentran su atención en la Pasión y Muerte del Señor.

 

125. El comienzo de los cuarenta días de penitencia, en el Rito romano, se caracteriza por el austero símbolo de las Cenizas, que distingue la Liturgia del Miércoles de Ceniza. Propio de los antiguos ritos con los que los pecadores convertidos se sometían a la penitencia canónica, el gesto de cubrirse con ceniza tiene el sentido de reconocer la propia fragilidad y mortalidad, que necesita ser redimida por la misericordia de Dios. Lejos de ser un gesto puramente exterior, la Iglesia lo ha conservado como signo de la actitud del corazón penitente que cada bautizado está llamado a asumir en el itinerario cuaresmal. Se debe ayudar a los fieles, que acuden en gran número a recibir la Ceniza, a que capten el significado interior que tiene este gesto, que abre a la conversión y al esfuerzo de la renovación pascual.

 

A pesar de la secularización de la sociedad contemporánea, el pueblo cristiano advierte claramente que durante la Cuaresma hay que dirigir el espíritu hacia las realidades que son verdaderamente importantes; que hace falta un esfuerzo evangélico y una coherencia de vida, traducida en buenas obras, en forma de renuncia a lo superfluo y suntuoso, en expresiones de solidaridad con los que sufren y con los necesitados.

 

También los fieles que frecuentan poco los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía saben, por una larga tradición eclesial, que el tiempo de Cuaresma-Pascua está en relación con el precepto de la Iglesia de confesar lo propios pecados graves, al menos una vez al año, preferentemente en el tiempo pascual.

 

126. La divergencia existente entre la concepción litúrgica y la visión popular de la Cuaresma, no impide que el tiempo de los "Cuarenta días" sea un espacio propicio para una interacción fecunda entre Liturgia y piedad popular.

 

Un ejemplo de esta interacción lo tenemos en el hecho de que la piedad popular favorece algunos días, algunos ejercicios de piedad y algunas actividades apostólicas y caritativas, que la misma Liturgia cuaresmal prevé y recomienda. La práctica del ayuno, tan característica desde la antigüedad en este tiempo litúrgico, es un "ejercicio" que libera voluntariamente de las necesidades de la vida terrena para redescubrir la necesidad de la vida que viene del cielo: "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mt 4,4; cfr. Dt 8,3; Lc 4,4; antífona de comunión del I Domingo de Cuaresma)

viernes 30 de enero de 2009

La fiesta de la Presentación del Señor

La fiesta de la Presentación del Señor

 

120. Hasta el 1969 la antigua fiesta del 2 de Febrero, de origen oriental, recibía en Occidente el título de "Purificación de Santa María Virgen", y concluía, cuarenta días después de Navidad, el ciclo de navidad.

 

Esta fiesta siempre ha tenido un marcado carácter popular. Los fieles, de hecho:

- asisten con gusto a la procesión conmemorativa de la entrada de Jesús en el Templo y de su encuentro, ante todo con Dios Padre, en cuya morada entra por primera vez, después con Simeón y Ana. Esta procesión, que en Occidente había sustituido a los cortejos paganos licenciosos y que era de tipo penitencial, posteriormente se caracterizó por la bendición de las candelas, que se llevaban encendidas durante la procesión, en honor de Cristo "luz para alumbrar a las naciones" (Lc 2,32);

- son sensibles al gesto realizado por la Virgen María, que presenta a su Hijo en el Templo y se somete, según el rito de la Ley de Moisés (cfr. Lv 12,1-8), al rito de la purificación; en la piedad popular el episodio de la purificación se ha visto como una muestra de la humildad de la Virgen, por lo cual, la fiesta del 2 de Febrero es considerada con frecuencia la fiesta de los que realizan los servicios más humildes en la Iglesia.

 

121. La piedad popular es sensible al acontecimiento, providencial y misterioso, de la concepción y del nacimiento de una vida nueva. En particular las madres cristianas advierten la relación que existe, a pesar de las notables diferencias – la concepción y el parto de María son hechos únicos – entre la maternidad de la Virgen, la purísima, madre de la Cabeza del Cuerpo Místico, y su maternidad: ellas también son madres según el plan de Dios, pues han generado los futuros miembros del mismo Cuerpo Místico. En esta intuición, y como imitando el rito realizado por María (cfr. Lc 2,22-24), tenía origen el rito de la purificación de la que había dado a luz, algunos de cuyos elementos reflejaban una visión negativa de lo relacionado con el parto

En el actual Rituale Romanum está prevista una bendición para la madre, tanto antes del parto como después del parto, esta última sólo en el caso de que la madre no haya podido participar en el bautismo del hijo.

Sin embargo, es muy oportuno que la madre y sus parientes, al pedir esta bendición, se adapten a las características de la oración de la Iglesia: comunión de fe y de caridad en la oración, para que llegue a su feliz cumplimiento el tiempo de espera (bendición antes del parto) y para dar gracias a Dios por el don recibido (bendición después del parto).

 

122. En algunas Iglesias locales se valoran de modo especial algunos elementos del relato evangélico de la fiesta de la Presentación del Señor (Lc 2,22-40), como la obediencia de José y María a la Ley del Señor, la pobreza de los santos esposos, la condición virginal de la Madre de Jesús, lo que ha aconsejado convertir, también, el 2 de Febrero en la fiesta de los que se dedican al servicio del Señor y de los hermanos, en las diversas formas de vida consagrada.

 

123. La fiesta del 2 de Febrero conserva un carácter popular. Sin embargo es necesario que responda verdaderamente al sentido auténtico de la fiesta. No resultaría adecuado que la piedad popular, al celebrar la Presentación del Señor, se olvidase el contenido cristológico, que es el fundamental, para quedarse casi exclusivamente en los aspectos mariológicos; el hecho de que deba "ser considerada ...como memoria simultánea del Hijo y de la Madre" no autoriza semejante cambio de la perspectiva; las velas, conservadas en los hogares, deben ser para los fieles un signo de Cristo "luz del mundo" y por lo tanto, un motivo para expresar la fe.

 

jueves 11 de diciembre de 2008

La Piedad Popular y la Navidad

Vaticano: principios y orientaciones

sobre la piedad popular y la liturgia de la Navidad.

 

v     cfr. Vaticano, Directorio de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, del 9 de abril de 2002 

 

o       El tiempo de Navidad

 

106. En el tiempo de Navidad, la Iglesia celebra el misterio de la manifestación del Señor: su humilde nacimiento en Belén, anunciado a los pastores, primicia de Israel que acoge al Salvador; la manifestación a los Magos, "venidos de Oriente" (Mt 2,1), primicia de los gentiles, que en Jesús recién nacido reconocen y adoran al Cristo Mesías; la teofanía en el río Jordán, donde Jesús fue proclamado por el Padre "hijo predilecto" (Mt 3,17) y comienza públicamente su ministerio mesiánico; el signo realizado en Caná, con el que Jesús "manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él" (Jn 2,11).

 

107. Durante el tiempo navideño, además de estas celebraciones, que muestran su sentido esencial, tienen lugar otras que están íntimamente relacionadas con el misterio de la manifestación del Señor: el martirio de los Santos Inocentes (28 de Diciembre), cuya sangre fue derramada a causa del odio a Jesús y del rechazo de su reino por parte de Herodes; la memoria del Nombre de Jesús, el 3 de Enero; la fiesta de la Sagrada Familia (domingo dentro de la octava), en la que se celebra el santo núcleo familiar en el que "Jesús crecía en sabiduría, edad y gracia ante Dios y antes los hombres" (Lc 2, 52); la solemnidad del 1 de Enero, memoria importante de la maternidad divina, virginal y salvífica de María; y, aunque fuera ya de los límites del tiempo navideño, la fiesta de la Presentación del Señor (2 de Febrero), celebración del encuentro del Mesías con su pueblo, representado en Simeón y Ana, y ocasión de la profecía mesiánica de Simeón.

 

108. Gran parte del rico y complejo misterio de la manifestación del Señor encuentra amplio eco y expresiones propias en la piedad popular. Esta muestra una atención particular a los acontecimientos de la infancia del Salvador, en los que se ha manifestado su amor por nosotros. La piedad popular capta de un modo intuitivo:

            - el valor de la "espiritualidad del don", propia de la Navidad: "un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado" (Is 9,5), don que es expresión del amor infinito de Dios que "tanto amó al mundo que nos ha dado a su Hijo único" (Jn 3,16);

            - el mensaje de solidaridad que conlleva el acontecimiento de Navidad: solidaridad con el hombre pecador, por el cual, en Jesús, Dios se ha hecho hombre "por nosotros los hombres y por nuestra salvación"; solidaridad con los pobres, porque el Hijo de Dios "siendo rico se ha hecho pobre" para enriquecernos "por medio de su pobreza" (2 Cor 8,9);

            - el valor sagrado de la vida y el acontecimiento maravilloso que se realiza en el parto de toda mujer, porque mediante el parto de María, el Verbo de la vida ha venido a los hombres y se ha hecho visible (cfr. 1 Jn 1,2);

            - el valor de la alegría y de la paz mesiánicas, aspiraciones profundas de los hombres de todos los tiempos: los Ángeles anuncian a los pastores que ha nacido el Salvador del mundo, el "Príncipe de la paz" (Is 9,5) y expresan el deseo de "paz en la tierra a los hombres que ama Dios" (Lc 2,14);

            - el clima de sencillez, y de pobreza, de humildad y de confianza en Dios, que envuelve los acontecimientos del nacimiento del niño Jesús.

            La piedad popular, precisamente porque intuye los valores que se esconden en el misterio de la Navidad, está llamada a cooperar para salvaguardar la memoria de la manifestación del Señor, de modo que la fuerte tradición religiosa vinculada a la Navidad no se convierta en terreno abonado para el consumismo ni para la infiltración del neopaganismo.

 

La Piedad Popular y la Noche de Navidad

Vaticano: principios y orientaciones

sobre la piedad popular y la liturgia de la Navidad.

 

v     cfr. Vaticano, Directorio de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, del 9 de abril de 2002 

 

o       La Noche de Navidad

 

109. En el tiempo que discurre entre las primeras Vísperas de Navidad y la celebración eucarística de media noche, junto con la tradición de los villancicos, que son instrumentos muy poderosos para transmitir el mensaje de alegría y paz de Navidad, la piedad popular propone algunas de sus expresiones de oración, distintas según los países, que es oportuno valorar y, si es preciso, armonizar con las celebraciones de la Liturgia. Se pueden presentar, por ejemplo:

            - los "nacimientos vivientes", la inauguración del nacimiento doméstico, que puede dar lugar a una ocasión de oración de toda la familia: oración que incluya la lectura de la narración del nacimiento de Jesús según San Lucas, en la cual resuenen los cantos típicos de la Navidad y se eleven las súplicas y las alabanzas, sobre todo las de los niños, protagonistas de este encuentro familiar;

            - la inauguración del árbol de Navidad. También se presta a una acto de oración familiar semejante al anterior. Independientemente de su origen histórico, el árbol de Navidad es hoy un signo fuertemente evocador, bastante extendido en los ambientes cristianos; evoca tanto el árbol de la vida, plantado en el jardín del Edén (cfr. Gn 2,9), como el árbol de la cruz, y adquiere así un significado cristológico: Cristo es el verdadero árbol de la vida, nacido de nuestro linaje, de la tierra virgen Santa María, árbol siempre verde, fecundo en frutos. El adorno cristiano del árbol, según los evangelizadores de los países nórdicos, consta de manzanas y dulces que cuelgan de sus ramos. Se pueden añadir otros "dones"; sin embargo, entre los regalos colocados bajo el árbol de Navidad no deberían faltar los regalos para los pobres: ellos forman parte de toda familia cristiana;

            - la cena de Navidad. La familia cristiana que todos los días, según la tradición, bendice la mesa y da gracias al Señor por el don de los alimentos, realizará este gesto con mayor intensidad y atención en la cena de Navidad, en la que se manifiestan con toda su fuerza la firmeza y la alegría de los vínculos familiares.

 

110. La Iglesia desea que todos los fieles participen en la noche del 24 de Diciembre, a ser posible, en el Oficio de Lecturas, como preparación inmediata a la celebración de la Eucaristía de media noche. Donde esto no se haga, puede ser oportuno preparar una vigilia con cantos, lecturas y elementos de la piedad popular, inspirándose en dicho oficio.

 

111. En la Misa de media noche, que tiene un gran sentido litúrgico y goza del aprecio popular, se podrán destacar:

            - al comienzo de la Misa, el canto del anuncio del nacimiento del Señor, con la fórmula del Martirologio Romano;

            - la oración de los fieles deberá asumir un carácter verdaderamente universal, incluso, donde sea oportuno, con el empleo de varios idiomas como un signo; y en la presentación de los dones para el ofertorio siempre habrá un recuerdo concreto de los pobres;

            - al final de la celebración podrá tener lugar el beso de la imagen del Niño Jesús por parte de los fieles, y la colocación de la misma en el nacimiento que se haya puesto en la iglesia o en algún lugar cercano.

La Piedad Popular y la fiesta de la Sagrada Familia

Vaticano: principios y orientaciones

sobre la piedad popular y la liturgia de la Navidad.

 

v     cfr. Vaticano, Directorio de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, del 9 de abril de 2002 

 

o       La fiesta de la Sagrada Familia

 

112. La fiesta de la Sagrada Familia, Jesús, María y José (Domingo en la octava de Navidad) ofrece un ámbito celebrativo apropiado para el desarrollo de algunos ritos o momentos de oración, propios de la familia cristiana.

            El recuerdo de José, de María y del niño Jesús, que se dirigen a Jerusalén, como toda familia hebrea observante, para realizar los ritos de la Pascua (cfr. Lc 2,41-42), animará a que toda la familia acepte la invitación a participar unida, ese día, en la Eucaristía. Y resultaría muy significativo que la familia se encomendase nuevamente al patrocinio de la Sagrada Familia de Nazaret, la bendición de los hijos, prevista en el Ritual, y donde sea oportuno, la renovación de las promesas matrimoniales asumidas por los esposos, convertidos ya en padres, en el día de su matrimonio, así como las promesas de los desposorios con las que los novios formalizan su proyecto de fundar en el futuro una nueva familia.

            Pero más allá del día de la fiesta, a los fieles les agrada recurrir a la Sagrada Familia de Nazaret en muchas circunstancias de la vida: se inscriben con gusto en las Asociaciones de la Sagrada Familia, para configurar su propio núcleo familiar según el modelo de la Familia de Nazaret, y dirigen a la misma jaculatorias frecuentes, mediante las que se encomiendan a su patrocinio y piden la asistencia para el momento de la muerte.

La Piedad Popular y la fiesta de los Santos Inocentes

Vaticano: principios y orientaciones

sobre la piedad popular y la liturgia de la Navidad.

 

v     cfr. Vaticano, Directorio de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, del 9 de abril de 2002 

 

o       La fiesta de los Santos Inocentes

 

113. Desde el final del siglo VI, la Iglesia celebra el 28 de Diciembre la memoria de los niños a los que mató el ciego furor de Herodes por causa de Jesús (cfr. Mt 2,16-17). La tradición litúrgica los llama "Santos Inocentes" y los considera mártires. A lo largo de los siglos, en el arte, en la poesía y en la piedad popular, los sentimientos de ternura y de simpatía han rodeado la memoria de este "pequeño rebaño de corderos inmolados"; a estos sentimientos se ha unido siempre la indignación por la violencia con que fueron arrancados de las manos de sus madres y entregados a la muerte.

            En nuestros días los niños padecen todavía innumerables formas de violencia, que atentan contra su vida, dignidad, moralidad y derecho a la educación. Hay que tener presente en este día la innumerable multitud de niños no nacidos y asesinados al amparo de las leyes que permiten el aborto, un crimen abominable. La piedad popular, atenta a los problemas concretos, en no pocos lugares ha dado vida a manifestaciones de culto y a formas de caridad como la asistencia a las madres embarazadas, la adopción de los niños e impulsar su educación.

La Piedad Popular en el 31 de Diciembre

Vaticano: principios y orientaciones

sobre la piedad popular y la liturgia de la Navidad.

 

v     cfr. Vaticano, Directorio de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, del 9 de abril de 2002 

 

o       El 31 de Diciembre

 

114. De la piedad popular provienen algunos ejercicios de piedad característicos del 31 de Diciembre. Este día se celebra, en la mayor parte de los países de Occidente, el final del año civil. La ocasión invita a los fieles a reflexionar sobre el "misterio del tiempo", que corre veloz e inexorable. Esto suscita en su espíritu un doble sentimiento: arrepentimiento y pesar por las culpas cometidas y por las ocasiones de gracia perdidas durante el año que llega a su fin; agradecimiento por los beneficios recibidos de Dios.

            Esta doble actitud ha dado origen, respectivamente, a dos ejercicios de piedad: la exposición prolongada del Santísimo Sacramento, que ofrece una ocasión a las comunidades religiosas y a los fieles, para un tiempo de oración, preferentemente en silencio; al canto del Te Deum, como expresión comunitaria de alabanza y agradecimiento por los beneficios obtenidos de Dios en el curso del año que está a punto de terminar.

            En algunos lugares, sobre todo en comunidades monásticas y en asociaciones laicales marcadamente eucarísticas, la noche del 31 de Diciembre tiene lugar una vigilia de oración que se suele concluir con la celebración de la Eucaristía. Se debe alentar esta vigilia, y su celebración tiene que estar en armonía con los contenidos litúrgicos de la Octava de la Navidad, vivida no sólo como una reacción justificada ante la despreocupación y disipación con la que la sociedad vive el paso de una año a otro, sino como ofrenda vigilante al Señor, de las primicias del nuevo año.

La Piedad Popular y la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios

Vaticano: principios y orientaciones

sobre la piedad popular y la liturgia de la Navidad.

 

v     cfr. Vaticano, Directorio de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, del 9 de abril de 2002 

 

o       La solemnidad de santa María, Madre de Dios

 

115. El 1 de Enero, Octava de la Navidad, la Iglesia celebra la solemnidad de Santa María, Madre de Dios. La maternidad divina y virginal de María constituye un acontecimiento salvífico singular: para la Virgen fue presupuesto y causa de su gloria extraordinaria; para nosotros es fuente de gracia y de salvación, porque "por medio de ella hemos recibido al Autor de la vida".

            La solemnidad del 1 de Enero, eminentemente mariana, ofrece un espacio particularmente apto para el encuentro entre la piedad litúrgica y la piedad popular: la primera celebra este acontecimiento con las formas que le son propias; la segunda, si está formada de manera adecuada, no dejará de dar vida a expresiones de alabanza y felicitación a la Virgen por el nacimiento de su Hijo divino, y de profundizar en el contenido de tantas formulas de oración, comenzando por la que resulta tan entrañable a los fieles: "Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores".

 

116. En Occidente el 1 de Enero es un día para felicitarse: es el inicio del año civil. Los fieles están envueltos en el clima festivo del comienzo del año y se intercambian, con todos, los deseos de "Feliz año". Sin embargo, deben saber dar a esta costumbre un sentido cristiano, y hacer de ella casi una expresión de piedad. Los fieles saben que "el año nuevo" está bajo el señorío de Cristo y por eso, al intercambiarse las felicitaciones y deseos, lo ponen, implícita o explícitamente, bajo el dominio de Cristo, a quien pertenecen los días y los siglos eternos (cfr. Ap 1,8; 22,13).

Con esta conciencia se relaciona la costumbre, bastante extendida, de cantar el 1 de Enero el himno Veni, creator Spiritus, para que el Espíritu del Señor dirija los pensamientos y las acciones de todos y cada uno de los fieles y de las comunidades cristianas durante todo el año.

 

117. Entre los buenos deseos, con los que hombres y mujeres se saludan el 1 de Enero, destaca el de la paz. El "deseo de paz" tiene profundas raíces bíblicas, cristológicas y navideñas; los hombres de todos los tiempos invocan el "bien de la paz" , aunque atentan contra el frecuentemente, y en el modo más violento y destructor: con la guerra.

            La Sede Apostólica, partícipe de las aspiraciones profundas de los pueblos, desde el 1967, ha señalado para el 1 de Enero la celebración de la "Jornada mundial de la paz".

            La piedad popular no ha permanecido insensible ante esta iniciativa de la Sede Apostólica y, a la luz del Príncipe de la paz recién nacido, convierte este día en un momento importante de oración por la paz, de educación en la paz y en los valores que están indisolublemente unidos a la misma, como la libertad, la solidaridad y la fraternidad, la dignidad de la persona humana, el respeto de la naturaleza, el derecho al trabajo y el carácter sagrado de la vida, y de denuncia de situaciones injustas, que turban las conciencias y amenazan la paz.

La Piedad Popular y la Solemnidad de la Epifanía del Señor

Vaticano: principios y orientaciones

sobre la piedad popular y la liturgia de la Navidad.

 

v     cfr. Vaticano, Directorio de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, del 9 de abril de 2002 

 

o       La solemnidad de la Epifanía del Señor

 

118. En torno a la solemnidad de la Epifanía, que tiene un origen muy antiguo y un contenido muy rico, han nacido y se han desarrollado muchas tradiciones y expresiones genuinas de piedad popular. Entre estas se pueden recordar:

- el solemne anuncio de la Pascua y de las fiestas principales del año; la recuperación de este anuncio, que se está realizando en diversos lugares, se debe favorecer, pues ayuda a los fieles a descubrir la relación entre la Epifanía y la Pascua, y la orientación de todas las fiestas hacia la mayor de las solemnidades cristianas;

            - el intercambio de "regalos de Reyes"; esta costumbre tiene sus raíces en el episodio evangélico de los dones ofrecidos por los Magos al niño Jesús (cfr. Mt 2,11), y en un sentido más radical, en el don que Dios Padre ha concedido a la humanidad con el nacimiento entre nosotros del Enmanuel (cfr. Is 7,14; 9,6; Mt 1,23). Es deseable que el intercambio de regalos con ocasión de la Epifanía mantenga un carácter religioso, muestre que su motivación última se encuentra en la narración evangélica: esto ayudará a convertir el regalo en una expresión de piedad cristiana y a sacarlo de los condicionamientos de lujo, ostentación y despilfarro, que son ajenos a sus orígenes;

            - la bendición de las casas, sobre cuyas puertas se traza la cruz del Señor, el número del año comenzado, las letras iniciales de los nombres tradicionales de los santos Magos (C+M+B) [en algunas lenguas], explicadas también como siglas de "Christus mansinem benedicat", escritas con una tiza bendecida; estos gestos, realizados por grupos de niños acompañados de adultos, expresan la invocación de la bendición de Cristo por intercesión de los santos Magos y a la vez son una ocasión para recoger ofrendas que se dedican a fines misioneros y de caridad;

            - las iniciativas de solidaridad a favor de hombres y mujeres que, como los Magos, vienen de regiones lejanas; respecto a ellos, sean o no cristianos, la piedad popular adopta una actitud de comprensión acogedora y de solidaridad efectiva;

            - la ayuda a la evangelización de los pueblos; el fuerte carácter misionero de la Epifanía ha sido percibido por la piedad popular, por lo cual, en este día tienen lugar iniciativas a favor de las misiones, especialmente las vinculadas a la "Obra misionera de la Santa Infancia", instituida por la Sede Apostólica;

            - la designación de Santos Patronos; en no pocas comunidades religiosas y cofradías existe la costumbre de asignar a cada uno de los miembros un Santo bajo cuyo patrocinio se pone el año recién comenzado.

La Piedad Popular y la fiesta del Bautismo del Señor

Vaticano: principios y orientaciones

sobre la piedad popular y la liturgia de la Navidad.

 

v     cfr. Vaticano, Directorio de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, del 9 de abril de 2002 

 

o       La fiesta del Bautismo del Señor

 

119. Los misterios del Bautismo del Señor y de su manifestación en las bodas de Caná están estrechamente ligados con el acontecimiento salvífico de la Epifanía.

            La fiesta del Bautismo del Señor concluye el Tiempo de navidad. Esta fiesta, revalorizada en nuestros días, no ha dado origen a especiales manifestaciones de la piedad popular. Sin embargo, para que los fieles sean sensibles a lo referente al Bautismo y a la memoria de su nacimiento como hijos de Dios, esta fiesta puede constituir un momento oportuno para iniciativas eficaces, como: el uso del Rito de la aspersión dominical con el agua bendita en todas las misas que se celebran con asistencia del pueblo; centrar la homilía y la catequesis en los temas y símbolos bautismales.

martes 2 de diciembre de 2008

La Piedad Popular y el espíritu de Adviento

La Piedad Popular en el tiempo de Adviento

La piedad popular y el espíritu del Adviento

105. La piedad popular, a causa de su comprensión intuitiva del misterio cristiano, puede contribuir eficazmente a salvaguardar algunos de los valores del Adviento, amenazados por la costumbre de convertir la preparación a la Navidad en una "operación comercial", llena de propuestas vacías, procedentes de una sociedad consumista.

La piedad popular percibe que no se puede celebrar el Nacimiento de Señor si no es en un clima de sobriedad y de sencillez alegre, y con una actitud de solidaridad para con los pobres y marginados; la espera del nacimiento del Salvador la hace sensible al valor de la vida y al deber de respetarla y protegerla desde su concepción; intuye también que no se puede celebrar con coherencia el nacimiento del que "salvará a su pueblo de sus pecados" (Mt 1,21) sin un esfuerzo para eliminar de sí el mal del pecado, viviendo en la vigilante espera del que volverá al final de los tiempos.

 

 

 

 

 

La Piedad Popular y La Virgen María en Adviento

La Piedad Popular en el tiempo de Adviento

La Virgen María en el Adviento

101. Durante el tiempo de Adviento, la Liturgia celebra con frecuencia y de modo ejemplar a la Virgen María: recuerda algunas mujeres de la Antigua Alianza, que eran figura y profecía de su misión; exalta la actitud de fe y de humildad con que María de Nazaret se adhirió, total e inmediatamente, al proyecto salvífico de Dios; subraya su presencia en los acontecimientos de gracia que precedieron el nacimiento del Salvador. También la piedad popular dedica, en el tiempo de Adviento, una atención particular a Santa María; lo atestiguan de manera inequívoca diversos ejercicios de piedad, y sobre todo las novenas de la Inmaculada y de la Navidad.

Sin embargo, la valoración del Adviento "como tiempo particularmente apto para el culto de la Madre del Señor" no quiere decir que este tiempo se deba presentar como un "mes de María".

En los calendarios litúrgicos del Oriente cristiano, el periodo de preparación al misterio de la manifestación (Adviento) de la salvación divina (Teofanía) en los misterios de la Navidad-Epifanía del Hijo Unigénito de Dios Padre, tiene un carácter marcadamente mariano. Se centra la atención sobre la preparación a la venida del Señor en el misterio de la Deípara. Para el Oriente, todos los misterios marianos son misterios cristológicos, esto es, referidos al misterio de nuestra salvación en Cristo. Así, en el rito copto durante este periodo se cantan las Laudes de María en los Theotokia; en el Oriente sirio este tiempo es denominado Subbara, esto es, Anunciación, para subrayar de esta manera su fisonomía mariana. En el rito bizantino se nos prepara a la Navidad mediante una serie creciente de fiestas y cantos marianos.

102. La solemnidad de la Inmaculada (8 de Diciembre), profundamente sentida por los fieles, da lugar a muchas manifestaciones de piedad popular, cuya expresión principal es la novena de la Inmaculada. No hay duda de que el contenido de la fiesta de la Concepción purísima y sin mancha de María, en cuanto preparación fontal al nacimiento de Jesús, se armoniza bien con algunos temas principales del Adviento: nos remite a la larga espera mesiánica y recuerda profecías y símbolos del Antiguo Testamento, empleados también en la Liturgia del Adviento.

Donde se celebre la Novena de la Inmaculada se deberían destacar los textos proféticos que partiendo del vaticinio de Génesis 3,15, desembocan en el saludo de Gabriel a la "llena de gracia" (Lc 1,28) y en el anuncio del nacimiento del Salvador (cfr. Lc 1,31-33).

Acompañada por múltiples manifestaciones populares, en el Continente Americano se celebra, al acercarse la Navidad, la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe (12 de Diciembre), que acrecienta en buena medida la disposición para recibir al Salvador: María "unida íntimamente al nacimiento de la Iglesia en América, fue la Estrella radiante que iluminó el anunció de Cristo Salvador a los hijos de estos pueblos".

La Piedad Popular y las Témporas de invierno

La Piedad Popular en el tiempo de Adviento

Las "Témporas de invierno"

100. En el hemisferio norte, en el tiempo de Adviento se celebran las "témporas de invierno". Indican el paso de una estación a otra y son un momento de descanso en algunos campos de la actividad humana. La piedad popular está muy atenta al desarrollo del ciclo vital de la naturaleza: mientras se celebran las "témporas de invierno", las semillas se encuentran enterradas, en espera de que la luz y el calor del sol, que precisamente en el solsticio de invierno vuelve a comenzar su ciclo, las haga germinar.

Donde la piedad popular haya establecido expresiones celebrativas del cambio de estación, consérvense y valórense como tiempo de súplica al Señor y de meditación sobre el significado del trabajo humano, que es colaboración con la obra creadora de Dios, realización de la persona, servicio al bien común, actualización del plan de la Redención.

La Piedad Popular y las Procesiones en Adviento

La Piedad Popular en el tiempo de Adviento

Las Procesiones de Adviento

99. En el tiempo de Adviento se celebran, en algunas regiones, diversas procesiones, que son un anuncio por las calles de la ciudad del próximo nacimiento del Salvador (la "clara estrella" en algunos lugares de Italia), o bien representaciones del camino de José y María hacia Belén, y su búsqueda de un lugar acogedor para el nacimiento de Jesús (las "posadas" de la tradición española y latinoamericana).

La Piedad Popular y la Corono de Adviento

La Piedad Popular en el tiempo de Adviento

La Corona de Adviento

98. La colocación de cuatro cirios sobre una corona de ramos verdes, que es costumbre sobre todo en los países germánicos y en América del Norte, se ha convertido en un símbolo del Adviento en los hogares cristianos.

La Corona de Adviento, cuyas cuatro luces se encienden progresivamente, domingo tras domingo hasta la solemnidad de Navidad, es memoria de las diversas etapas de la historia de la salvación antes de Cristo y símbolo de la luz profética que iba iluminando la noche de la espera, hasta el amanecer del Sol de justicia (cfr. Mal 3,20; Lc 1,78).

La Piedad Popular en Adviento

La Piedad Popular en el tiempo de Adviento

97. La piedad popular es sensible al tiempo de Adviento, sobre todo en cuanto memoria de la preparación a la venida del Mesías. Está sólidamente enraizada en el pueblo cristiano la conciencia de la larga espera que precedió a la venida del Salvador. Los fieles saben que Dios mantenía, mediante las profecías, la esperanza de Israel en la venida del Mesías.

A la piedad popular no se le escapa, es más, subraya llena de estupor, el acontecimiento extraordinario por el que el Dios de la gloria se ha hecho niño en el seno de una mujer virgen, pobre y humilde. Los fieles son especialmente sensibles a las dificultades que la Virgen María tuvo que afrontar durante su embarazo y se conmueven al pensar que en la posada no hubo un lugar para José ni para María, que estaba a punto de dar a luz al Niño (cfr. Lc 2,7).

Con referencia al Adviento han surgido diversas expresiones de piedad popular, que alientan la fe del pueblo cristiano y transmiten, de una generación a otra, la conciencia de algunos valores de este tiempo litúrgico.

lunes 17 de noviembre de 2008

El pan de la palabra

La alegria del cielo se asoma a la tierra en cada celebración liturgica.

sábado 25 de octubre de 2008

La memoria de los difuntos en la piedad popular

La memoria de los difuntos en la piedad popular

256. Al igual que la Liturgia, la piedad popular se muestra muy atenta a la memoria de los difuntos y es solícita en las oraciones de sufragio por ellos.

En la "memoria de los difuntos", la cuestión de la relación entre Liturgia y piedad popular se debe afrontar con mucha prudencia y tacto pastoral, tanto en lo referente a cuestiones doctrinales como en la armonización de las acciones litúrgicas y los ejercicios de piedad.

257. Es necesario, ante todo, que la piedad popular sea educada por los principios de la fe cristiana, como el sentido pascual de la muerte de los que, mediante el Bautismo, se han incorporado al misterio de la muerte y resurrección de Cristo (cfr. Rom 6,3-10); la inmortalidad del alma (cfr. Lc 23,43); la comunión de los santos, por la que "la unión... con los hermanos que durmieron en la paz de Cristo, de ninguna manera se interrumpe; antes bien, según la constante fe de la Iglesia, se fortalece con la comunicación de los bienes espirituales": "nuestra oración por ellos puede no solamente ayudarles, sino también hacer eficaz su intercesión en nuestro favor"; la resurrección de la carne; la manifestación gloriosa de Cristo, "que vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos"; la retribución conforme a las obras de cada uno; la vida eterna.

En los usos y tradiciones de algunos pueblos, respecto al "culto de los muertos", aparecen elementos profundamente arraigados en la cultura y en unas determinadas concepciones antropológicas, con frecuencia determinadas por el deseo de prolongar los vínculos familiares, y por así decir, sociales, con los difuntos. Al examinar y valorar estos usos se deberá actuar con cuidado, evitando, cuando no estén en abierta oposición al Evangelio, interpretarlos apresuradamente como restos del paganismo.

258. Por lo que se refiere a los aspectos doctrinales, hay que evitar:

- el peligro de que permanezcan, en la piedad popular para con los difuntos, elementos o aspectos inaceptables del culto pagano a los antepasados;

- la invocación de los muertos para prácticas adivinatorias;

- la atribución a sueños, que tienen por objeto a personas difuntas, supuestos significados o consecuencias, cuyo temor condiciona el actuar de los fieles;

- el riesgo de que se insinúen formas de creencia en la reencarnación;

. el peligro de negar la inmortalidad del alma y de separar el acontecimiento de la muerte de la perspectiva de la resurrección, de tal manera que la religión cristiana apareciera como una religión de muertos;

- la aplicación de categorías espacio temporales a la condición de los difuntos.

259. Está muy difundido en la sociedad moderna, y con frecuencia tiene consecuencias negativas, el error doctrinal y pastoral de "ocultar la muerte y sus signos".

Médicos, enfermeros, parientes, piensan frecuentemente que es un deber ocultar al enfermo, que por el desarrollo de la hospitalización suele morir, casi siempre, fuera de su casa, la inminencia de la muerte.

Se ha repetido que en las grandes ciudades de los vivos no hay sitio para los muertos: en las pequeñas habitaciones de los edificios urbanos, no se puede habilitar un "lugar para una vigilia fúnebre"; en las calles, debido a un tráfico congestionado, no se permiten los lentos cortejos fúnebres que dificultan la circulación; en las áreas urbanas, el cementerio, que antes, al menos en los pueblos, estaba en torno o en las cercanías de la Iglesia – era un verdadero campo santo y signo de la comunión con Cristo de los vivos y los muertos – se sitúa en la periferia, cada vez más lejano de la ciudad, para que con el crecimiento urbano no se vuelva a encontrar dentro de la misma.

La civilización moderna rechaza la "visibilidad de la muerte", por lo que se esfuerza en eliminar sus signos. De aquí viene el recurso, difundido en un cierto número de países, a conservar al difunto, mediante un proceso químico, en su aspecto natural, como si estuviera vivo (tanatopraxis): el muerto no debe aparecer como muerto, sino mantener la apariencia de vida.

El cristiano, para el cual el pensamiento de la muerte debe tener un carácter familiar y sereno, no se puede unir en su fuero interno al fenómeno de la "intolerancia respecto a los muertos", que priva a los difuntos de todo lugar en la vida de las ciudades, ni al rechazo de la "visibilidad de la muerte", cuando esta intolerancia y rechazo están motivados por una huida irresponsable de la realidad o por una visión materialista, carente de esperanza, ajena a la fe en Cristo muerto y resucitado.

También el cristiano se debe oponer con toda firmeza a las numerosas formas de "comercio de la muerte", que aprovechando los sentimientos de los fieles, pretenden simplemente obtener ganancias desmesuradas y vergonzosas.

260. La piedad popular para con los difuntos se expresa de múltiples formas, según los lugares y las tradiciones.

- la novena de los difuntos como preparación y el octavario como prolongación de la Conmemoración del 2 de Noviembre; ambos se deben celebrar respetando las normas litúrgicas;

- la visita al cementerio; en algunas circunstancias se realiza de forma comunitaria, como en la Conmemoración de todos los fieles difuntos, al final de las misiones populares, con ocasión de la toma de posesión de la parroquia por el nuevo párroco; en otras se realiza de forma privada, como cuando los fieles se acercan a la tumba de sus seres queridos para mantenerla limpia y adornada con luces y flores; esta visita debe ser una muestra de la relación que existe entre el difunto y sus allegados, no expresión de una obligación, que se teme descuidar por una especie de temor supersticioso;

- la adhesión a cofradías y otras asociaciones, que tienen como finalidad "enterrar a los muertos" conforme a una visión cristiana del hecho de la muerte, ofrecer sufragios por los difuntos, ser solidarios y ayudar a los familiares del fallecido;

- los sufragios frecuentes, de los que ya se ha hablado, mediante limosnas y otras obras de misericordia, ayunos, aplicación de indulgencias y sobre todo oraciones, como la recitación del salmo De profundis, de la breve fórmula Requiem aeternam, que suele acompañar con frecuencia al Ángelus, el santo Rosario, la bendición de la mesa familiar.

Tomado del DIRECTORIO
SOBRE LA PIEDAD POPULAR Y LA LITURGIA

Toda vida necesita un buen GPS

La piedad de las personas vislumbran algo allá

Iglesias abiertas

Templos, iglesias y ermitas abiertas

 

"Es bueno que la iglesias de nuestra, nuestros templos estén abiertos cuantas más horas del día mejor. Llama mucho la atención, porque paradójicamente en un tiempo eminentemente religioso como es el previo a la Navidad, los centros comerciales están más tiempo abiertos que las mismas iglesias. Algo está fallando. Estamos invirtiendo los órdenes.

 

Es cierto que a veces no se puede pero, sinceramente, dudo si se hace todo lo que se puede. Existe un tipo de servicio, de ministerio, que se llama sacristán y que entre otras cosas se dedica a cuidar de que el templo en las horas que está abierto esté a buen recaudo. Hace unos días recibí un correo precioso que trataba sobre el bien que a una persona le hizo encontrarse con la Iglesia abierta, ponía lo siguiente:

 

“Esta mañana mi madre ha visitado una Iglesia. Me ha contado que ha pasado bastante rato en ella, que le ha parecido fantástico y muy de agradecer encontrarla abierta fuera del horario de Misa, que era una Iglesia alegre, luminosa, con un crucifijo nada ostentoso que le recordaba el verdadero sentido de la cruz. Me ha contado también que pensaba que el párroco de esa Iglesia debía ser un hombre, confiado por naturaleza y preocupado por sus fieles y por darles la oportunidad de rezar o encontrarse con Dios cuando "se lo pide el cuerpo", me ha dicho que el párroco le ha dado a ella la oportunidad de recuperar su fe al dejarle la puerta de la casa de Dios abierta.”

 

Esta carta contiene algo que me parece necesario tener en cuenta: la importancia de dejar la Iglesia abierta. Sé positivamente que hay templos que son una osadía dejarlos abiertos sin vigilancia, por eso, creo que es una tarea de todos el poder permitir que estén abiertas. Por eso le sugiero que si su iglesia está cerradas vea la mejor manera de intentar mantenerlas abiertas cuanto más tiempo mejor. Es tanto el bien que hace un templo abierto, pero como comprenderá el mochuelo no puede caer sólo sobre el párroco. Todos tenemos que poner el hombro y quizá sea tan fácil como ofrecer algo del tiempo que tenemos especialmente si estamos jubilados o con huecos en la agenda del día."

 

Fragmento de un programa de radio emitido en Andalucía “Palabras para la vida”

 

martes 21 de octubre de 2008

Visitando una iglesia

Visitando una Iglesia

 

Casa habitada:

Las casas deshabitadas son frías; al entrar sueles sentir una desagradable sensación: no descubres "alma" en una casa deshabitada.

Algo así ocurre con los lugares religiosos deshabitados: transmiten un mensaje de vacío, de añoranza...

Una casa habitada se palpa: habrá orden o desorden..., pero algo nos dice que está habitada. Y por el orden o desorden nos damos cuenta de la calidad de sus habitantes.

La visita a una casa habitada nos informa de los gustos de los moradores, de los lugares que más usan, de los estilos decorativos, de las aficiones literarias, musicales, artísticas...Decimos: "Lo tienen con mucho gusto..."

Mostrar una casa es algo así como desvelarnos ante los demás. Los muros, las cosas, los muebles, el orden, todo nos revela.

Elegir lo que ponemos, lo que quitamos, dónde lo ponemos... es una forma de manifestar lo que somos, lo que nos hace felices, lo que nos hace estar bien y cómodos, el ambiente que creamos...

Para entender bien lo que hay en una casa necesitamos, además, la presencia y la palabra de los moradores que nos digan: esta bandeja me la regaló papá cuando todavía éramos novios: tiene 55 años. El transistor se lo compramos a Alberto. El mueble del comedor nos costo 75 Euros. De esta manta no me desprendo, la compré nada más casarnos y me costó 30 Euros.

Las cosas de una casa no son sólo cosas. Tienen alma, vida, historia, están cargadas de recuerdos, de esfuerzos, sacrificios, tienen nombres queridos detrás de ellas...

Quien sólo las ve por fuera, no descubre lo que encierran de historia familiar, de sentimiento, de recuerdo...

Nos tienen que explicar las cosas para darles valor...

 

Esta imagen de la casa es la que nos puede ayudar a comprender lo que es una iglesia habitada o deshabitada...

Siguiendo la imagen de la casa habitada, un desconocido que llega a una iglesia observará a qué dan importancia dentro del templo sus moradores: el recinto bautismal, el rincón del silencio y oración, el altar de la eucaristía, el presbiterio, el espacio para la Palabra, la música ambiental, la iluminación cuidada, los cuadros, las hojas...

 

(tomado de http://www.juanjauregui.es)

jueves 16 de octubre de 2008

"SI, PERO NO, O AL CONTRARIO"

·  "SI, PERO NO, O AL CONTRARIO"

·  No es lo mismo un amigo que un conocido

·  *No es lo mismo servir a la Iglesia que servirse de la Iglesia

·  *No es lo mismo la creatividad que la ocurrencia

·  *No es lo mismo la devoción que el fanatismo

·  *No es lo mismo la solidaridad que dar unas monedas

·  *No es lo mismo oír misa que celebrar la Eucaristía

·  *No es lo mismo una peregrinación que una excursión

·  *No es lo mismo tener fe que tener creencias

******

·  *No es igual la caridad que la limosna

·  *No es igual la amistad que juntarse a comer o beber

·  *No es igual la fraternidad que el compañerismo

·  *No es igual servir que figurar o aparentar

·  *No es igual participar en la liturgia que intervenir

·  *No es igual ver que mirar, oír que escuchar, gustar que sentir

·  *No es igual ser original que improvisar... por no preparar

+++++

·  *La verdadera y sincera amistad se basa en la gratuidad

·  *La verdadera devoción a la Virgen nos lleva necesariamente a Jesús 

·  *La verdadera fe nos lleva a encontrarnos con Cristo en la Palabra, en los Sacramentos y en el Prójimo

·  *La verdadera esperanza se basa en la confianza

·  *El verdadero amor se demuestra con los hechos

 

miércoles 15 de octubre de 2008

En Semana Santa se puede "cantar por soleares, bailar por sardanas...

Diario de Sevilla - En Semana Santa se puede "cantar por soleares, bailar por sardanas...:

"El cardenal arzobispo de Sevilla, monseñor Carlos Amigo, aseguró hoy en Valladolid que en Semana Santa se puede 'cantar por soleares como en el Sur, bailar por sardanas, o vivir en silencio como en Medina de Rioseco'.

Amigo destacó, en la inauguración del Congreso Latinoamericano sobre Religiosidad Popular que se celebra desde hoy hasta el viernes en la Facultad de Derecho de la Universidad vallisoletana, que, por encima de las distintas maneras que existen en España para vivir la religiosidad popular, se encuentran los valores de la Semana Santa. En este sentido apuntó que las principales características de esta época para los católicos son la Fe, la familia y la fiesta.

El cardenal explicó que a la misma hora, un día de Viernes Santo, puede salir una misma procesión en Sevilla y en Valladolid y, mientras la primera está acompañada por 'piropos, vítores y tres bandas de música', a la segunda la rodea un 'silencio sobrecogedor'. Pero, como apuntó Carlos Amigo, se trata de 'el mismo Evangelio'.

Por ello aseveró que la Semana Santa se puede 'cantar por soleares como en Sevilla, bailar por sardanas"

martes 5 de agosto de 2008

La Piedad Popular, un tesoro

Sí, la piedad popular es un verdadero tesoro del Pueblo de Dios.

Es una demostración continua de la presencia activa del Espíritu Santo en la Iglesia. Es él quien enciende en los corazones la fe, la esperanza y el amor, virtudes excelsas que dan valor a la piedad cristiana. Es el mismo Espíritu el que ennoblece tantas y tan variadas formas de expresar el mensaje cristiano de acuerdo con la cultura y costumbres propias de cada lugar en todos los tiempos.

En efecto, esas mismas costumbres religiosas, transmitidas de generación en generación, son verdaderas lecciones de vida cristiana: desde las oraciones personales, o de familia, que habéis aprendido directamente de vuestros padres, hasta las peregrinaciones que convocan a muchedumbres de fieles en las grandes fiestas de vuestros santuarios.

De ahí que sea muy digna de elogio la firme voluntad de fomentar todos los valores de la religiosidad conservados por el pueblo. Por mi parte quiero –dice Juan Pablo II- repetir ante vosotros lo que ya les dije: "Es pues, necesario valorizar plenamente la piedad popular, purificarla de indebidas incrustaciones del pasado y hacerla plenamente actual. Esto significa evangelizarla, o sea, enriquecería de contenidos salvíficos portadores del misterio de Cristo y del Evangelio" (19 octubre 1984, n. 4).

Todas las devociones populares genuinamente cristianas han de ser fieles al mensaje de Cristo y a las enseñanzas de la Iglesia. Por eso habéis de comprender cuán bueno sea que vuestros Pastores, en el cumplimiento de la misión que les ha confiado el Señor, os ayuden a rectificar determinadas prácticas o creencias, cuando sea necesario, para que no haya nada en ellas contrario a la recta doctrina evangélica. Siguiendo con docilidad sus indicaciones, agradáis mucho al Señor y a la Virgen, pues quien oye a los Pastores de la Iglesia, oye al mismo Señor que los ha enviado (cf. Lc. 10, 16).

La piedad popular ha de conducirnos siempre a la piedad litúrgica, esto es, a una participación consciente y activa en la oración común de la Iglesia. Me consta que, como culminación de vuestras peregrinaciones, procuráis recibir con fruto el sacramento de la penitencia, mediante una sincera confesión de vuestros pecados al sacerdote, el cual os perdona en nombre de Dios y de la Iglesia. Luego asistís a la Santa Misa y recibís la comunión, participando así de ese gran misterio de fe y de amor, el Sacrificio de Cristo, que se renueva por nosotros en el altar.

Estas celebraciones de la Iglesia, hacia las cuales ha de encauzarse dócilmente la religiosidad popular son sin duda alguna momentos de gracia. En ellas, habéis notado seguramente cómo vibra vuestro corazón, a compás con los nobles sentimientos que vuestra oración y vuestra vida elevan a Dios.

Que esos momentos de conversión profunda y de encuentro gozoso en la Iglesia sean cada vez más frecuentes, especialmente para celebrar los sacramentos.

Las fiestas de los patronos de cada lugar, los tiempos de misión, las peregrinaciones a los santuarios, son como invitaciones que el Señor dirige a toda la comunidad -y a cada uno-, para avanzar por el camino de la salvación. Pero no estéis esperando a que vengan esas grandes festividades: acudid a la Misa dominical, santificando así el día del Señor, dedicado al culto divino, al legítimo descanso y a la vida de familia más intensa.

Que en ninguna de vuestras jornadas falten momentos de oración personal o familiar dentro de esa iglesia doméstica que es el propio hogar, para que toda vuestra existencia se vea como inundada por la luz y la gracia de Dios.

lunes 14 de julio de 2008

el agua bendita

El agua bendita

El uso correcto y saludable del agua bendita empieza cuando comenzamos por relacionarla con el agua del bautismo, puerta de toda la religión cristiana y también de la vida eterna. Recibir el bautismo es entrar en comunión de destino con Cristo «porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo os habéis revestido» (Gál 3:27), y es por ello hacerse miembro vivo de su Cuerpo, que es la Iglesia «porque en un solo Espíritu hemos sido bautizados todos para formar un solo cuerpo» (1 Cor 12:13).

En la liturgia, el agua es un símbolo exterior de la pureza interior. El agua es esencial para la celebración del bautismo. Significa la limpieza del pecado. "Este sacramento recibe el nombre de Bautismo en razón del carácter del rito central mediante el que se celebra: bautizar (baptizein en griego) significa "sumergir", "introducir dentro del agua"; la "inmersión" en el agua simboliza el acto de sepultar al catecúmeno en la muerte de Cristo de donde sale por la resurrección con El”
En la Santa Misa, unas gotas de agua se mezclan con el vino para indicar la unión de Cristo y los fieles y la sangre y el agua que brotaron del corazón de Cristo en la cruz.

La bendición con agua, usando acetre e hisopo o ramas de plantas, se utiliza como signo que nos recuerda el bautismo. Se utiliza en la misa en ocasiones especiales, como la Vigilia Pascual, bodas y funerales o para sustituir el acto penitencial, especialmente en los domingos pascuales.

El agua bendita se utiliza también muy frecuentemente como sacramental para bendecir personas o cosas.

La costumbre de hacer la señal de la cruz con el agua bendita contenida en una pila al entrar en las iglesias es un recuerdo del bautismo. No tiene sentido hacerlo al salir, sino al entrar.

Algunas cuestiones sobre el agua bendita.

¿Se puede beber el agua bendita?

La Iglesia no tiene ninguna instrucción que lo prohíba, siempre que no se caiga en superstición ni en atribuirle propiedades mágicas que no posee.

¿Se debe retirar el agua bendita de la pila en Adviento y en Cuaresma?

El agua bendita no se debe quitar ni en Adviento ni en Cuaresma. La Congregación para el Culto Divino ha definido: "No está permitido quitar el agua bendita de las fuentes durante la temporada de la Cuaresma". Según la Congregación, los fieles deben servirse frecuentemente de los sacramentos y sacramentales también en el tiempo de Cuaresma. Añadió que la práctica de la Iglesia es vaciar las fuentes de agua bendita para los días del Triduo Pascual (Viernes, Sábado) en los que no se celebra la Santa Misa, en preparación para la Vigilia Pascual.

¿Para qué puede usarse el agua bendita?

Con el agua bendita desde luego no repetimos el bautismo sino que hacemos memoria agradecida de él, mientras invocamos la bendición de Dios sobre nosotros y sobre nuestras cosas. De aquí el uso del agua bendita en las bendiciones de casas u otros objetos. Puede lícitamente utilizársele en aquellas cosas que tienen una referencia directa a Dios y la verdadera religión o en las que realmente transcurre nuestra vida de bautizados.

No procede usarla en los objetos de simple lujo (joyas, juguetes, mascotas…), ni en los lugares ajenos a nuestra voluntad y dedicados o propicios para lo mundano (discotecas, tabernas…), ni debería usarse con referencia a la que potencial y gravemente puede contradecir el amor divino (armas, negocios con ánimo de lucro…).

De todo ello se deduce en que no hay en esto superstición, sino espíritu de fe y de hijos. Caso distinto es en los que se supone que propiedades intrínsecas de esas aguas benditas son las que van a mejorar la «suerte» de sus usuarios. Bien aprovechada, el agua bendita es hermoso memorial y eficaz remedio.

Tomado del Blog la liturgia

jueves 3 de julio de 2008

Camino de la fe

Camino de la fe

Sin afirmar que este sea el recorrido definitivo hasta llegar a la plenitud en el encuentro con el Señor, sí se puede afirmar que este es el recorrido mas habitual para la mayoría de las personas.

Primero comienzan con un acercamiento a las distintas formas de piedad o ejercicios piadosos y devociones, para luego ir ascendiendo hasta la Eucaristía.

La pena que puede llegar a darse es que muchas personas no lleguen a la meta sino que se queden en los "puentes" y no logren pasar a la "otra orilla".


miércoles 2 de julio de 2008

Puente y fuente

La Piedad Popular es un verdadero puente hacia el Misterio, incluso puede ser hasta fuente de donde broten gracias de salvación.

No mezclar Sacramentos y actos de piedad

Distinciones y armonía con la Liturgia

13. La diferencia objetiva entre los ejercicios de piedad y las prácticas de devoción respecto de la Liturgia debe hacerse visible en las expresiones cultuales. Esto significa que no pueden mezclarse las fórmulas propias de los ejercicios de piedad con las acciones litúrgicas; los actos de piedad y de devoción encuentran su lugar propio fuera de la celebración de la Eucaristía y de los otros sacramentos.

De una parte, se debe evitar la superposición, ya que el lenguaje, el ritmo, el desarrollo y los acentos teológicos de la piedad popular se diferencian de los correspondientes de las acciones litúrgicas. Igualmente se debe superar, donde se da el caso, la concurrencia o la contraposición con las acciones litúrgicas: se debe salvaguardar la precedencia propia del domingo, de las solemnidades, de los tiempos y días litúrgicos.

Por otra parte, hay que evitar añadir modos propios de la "celebración litúrgica" a los ejercicios de piedad, que deben conservar su estilo, su simplicidad y su lenguaje característico.

Tomado del Directorio de Piedad Popular

Valoraciones de la Piedad Popular

Valoraciones y renovación

12. La libertad frente a los ejercicios de piedad, no debe significar, por lo tanto, escasa consideración ni desprecio de los mismos. La vía a seguir es la de valorar correcta y sabiamente las no escasas riquezas de la piedad popular, las potencialidades que encierra, la fuerza de vida cristiana que puede suscitar.

Siendo el Evangelio la medida y el criterio para valorar toda forma de expresión – antigua y nueva – de la piedad cristiana, a la valoración de los ejercicios de piedad y de las prácticas de devoción debe unirse una tarea de purificación, algunas veces necesaria, para conservar la justa referencia al misterio cristiano. Es válido para la piedad popular cuanto se afirma para la Liturgia cristiana, o sea, que "no puede en absoluto acoger ritos de magia, de superstición, de espiritismo, de venganza o que tengan connotaciones sexuales".

Tomado del Directorio de Piedad Popular

sábado 28 de junio de 2008

Validez de la Piedad Popular

ACTITUDES VALIDAS DE LA PIEDAD POPULAR

61. La piedad popular tiene un sentido casi innato de lo sagrado y de lo trascendente. Manifiesta una auténtica sed de Dios y "un sentido perspicaz de los atributos profundos de Dios: su paternidad, providencia, presencia amorosa y constante", su misericordia.

Los documentos del Magisterio ponen de relieve las actitudes interiores y algunas virtudes que la piedad popular valora particularmente, sugiere y alimenta:

  • la paciencia, "la resignación cristiana ante las situaciones irremediables";
  • el abandono confiando en Dios;
  • la capacidad de sufrir y de percibir el "sentido de la cruz en la vida cotidiana";
  • el deseo sincero de agradar al Señor, de reparar por las ofensas cometidas contra Él y de hacer penitencia;
  • el desapego respecto a las cosas materiales;
  • la solidaridad y la apertura a los otros, el "sentido de amistad, de caridad y de unión familiar".

Tomado del Directorio de Piedad Popular

viernes 27 de junio de 2008

Buenas Formas de Piedad Popular

AUTENTICIDAD

Las formas auténticas de la piedad popular son también fruto del Espíritu Santo y se deben considerar como expresiones de la piedad de la Iglesia: porque son realizadas por los fieles que viven en comunión con la Iglesia, adheridos a su fe y respetando la disciplina eclesiástica del culto; porque no pocas de dichas expresiones han sido explícitamente aprobadas y recomendadas por la misma Iglesia.

Peligros que desvian la piedad popular

PELIGROS

Algunos peligros que pueden desviar la piedad popular

65. El Magisterio, que subraya los valores innegables de la piedad popular, no deja de indicar algunos peligros que pueden amenazarla:

  • presencia insuficiente de elementos esenciales de la fe cristiana, como el significado salvífico de la Resurrección de Cristo, el sentido de pertenencia a la Iglesia, la persona y la acción del Espíritu divino;
  • la desproporción entre la estima por el culto a los Santos y la conciencia de la centralidad absoluta de Jesucristo y de su misterio;
  • el escaso contacto directo con la Sagrada Escritura;
  • el distanciamiento respecto a la vida sacramental de la Iglesia;
  • la tendencia a separar el momento cultual de los compromisos de la vida cristiana;
  • la concepción utilitarista de algunas formas de piedad;
  • la utilización de "signos, gestos y fórmulas, que a veces adquieren excesiva importancia hasta el punto de buscar lo espectacular";
  • el riesgo, en casos extremos, de "favorecer la entrada de las sectas y de conducir a la superstición, la magia, el fatalismo o la angustia".

Cómo hay que actuar

COMO HAY QUE ACTUAR CON LA PIEDAD POPULAR

66. Para poner remedio a eventuales limitaciones y defectos de la piedad popular, el Magisterio de nuestro tiempo repite con insistencia que se debe "evangelizar" la piedad popular, ponerla en contacto con la palabra del Evangelio para que sea fecunda. Esto "la liberará progresivamente de sus defectos; purificándola la consolidará, haciendo que lo ambiguo se aclare en lo que se refiere a los contenidos de fe, esperanza y caridad".

En esta labor de "evangelización" de la piedad popular, el sentido pastoral invita a actuar con una paciencia grande y con prudente tolerancia, inspirándose en la metodología que ha seguido la Iglesia a lo largo de la historia, para hacer frente a los problemas de enculturación de la fe cristiana y de la Liturgia, o de las cuestiones sobre las devociones populares.

 

La Fiesta de los Santos

LA FIESTA DE LOS SANTOS

230. En particular es necesario evitar que las razones que han determinado el traslado de las fechas de algunas fiestas de Santos y Beatos – por ejemplo, de la Cuaresma al Tiempo ordinario -, se relativicen en la praxis pastoral: celebrar en el ámbito litúrgico la fiesta de un Santo según la nueva fecha y continuar celebrándola según la fecha anterior en el ámbito de la piedad popular, no sólo atenta contra la armonía entre Liturgia y piedad popular, sino que da lugar a una duplicidad que produce confusión y desorientación.

231. Es necesario que la fiesta del Santo se prepare y se celebre con atención y cuidado, desde el punto de vista litúrgico y pastoral.

Esto conlleva, ante todo, una presentación correcta de la finalidad pastoral del culto a los Santos, es decir, la glorificación de Dios, "admirable en sus Santos", y el compromiso de llevar una vida conforme a la enseñanza y ejemplo de Cristo, de cuyo cuerpo místico los Santos son miembros eminentes.

Es preciso, también, que se presente correctamente la figura del Santo. Según la tendencia de nuestra época, esta presentación no se detendrá tanto en los elementos legendarios, que quizá envuelven la vida del Santo, ni en su poder taumatúrgico, cuanto en el valor de su personalidad cristiana, en la grandeza de su santidad, en la eficacia de su testimonio evangélico, en el carisma personal con el que enriqueció la vida de la Iglesia.

233. Desde un punto de vista antropológico hay que notar que no raras veces sucede que individuos o grupos, creyendo que "hacen fiesta", en realidad, por los comportamientos que adoptan se alejan de su auténtico significado. La fiesta, ante todo, es la participación del hombre en el dominio de Dios sobre la creación y sobre su activo "reposo", no ocio estéril; es manifestación de una alegría sencilla y comunicativa, no sed desmesurada de placer egoísta; es expresión de verdadera libertad, no búsqueda de formas de diversión ambiguas, que dan lugar a nuevas y sutiles formas de esclavitud. Se puede afirmar con seguridad: la trasgresión de la norma ética no solo contradice la ley del Señor, sino que daña la base antropológica de la fiesta.

Tomado del Directorio de la Piedad Popular

Las Procesiones y sus riesgos

LAS PROCESIONES Y SUS RIESGOS

246. La piedad popular, sobre todo a partir de la Edad Media, ha dado amplio espacio a las procesiones votivas, que en la época barroca han alcanzado su apogeo: para honrar a los Santos patronos de una ciudad o corporación se llevan procesionalmente las reliquias, o una estatua o efigie, por las calles de la ciudad.

En sus formas genuinas, las procesiones son manifestaciones de la fe del pueblo, que tienen con frecuencia connotaciones culturales capaces de despertar el sentimiento religioso de los fieles. Pero desde el punto de vista de la fe cristiana, las "procesiones votivas de los Santos", como otros ejercicios de piedad, están expuestas a algunos riesgos y peligros:

  • que prevalezcan las devociones sobre los sacramentos, que quedan relegados a un segundo lugar, y de las manifestaciones exteriores sobre las disposiciones interiores;
  • el considerar las procesiones como el momento culminante de la fiesta;
  • que se configure el cristianismo, a los ojos de los fieles que carecen de una instrucción adecuada, como una "religión de Santos";
  • la degeneración de la misma procesión que, de testimonio de fe acaba convirtiéndose en mero espectáculo o en un acto folclórico.

Tomado del Directorio de la Piedad Popular

Catequesis sobre las Procesiones

CATEQUESIS SOBRE LAS PROCESIONES

247. Para que la procesión conserve su carácter genuino de manifestación de fe, es necesario que los fieles sean instruidos en su naturaleza, desde un punto de vista teológico, litúrgico y antropológico.

Desde el punto de vista teológico se deberá destacar que:

  • la procesión es un signo de la condición de la Iglesia, pueblo de Dios en camino que, con Cristo y detrás de Cristo, consciente de no tener en este mundo una morada permanente (cfr. Heb 13,14), marcha por los caminos de la ciudad terrena hacia la Jerusalén celestial;
  • es también signo del testimonio de fe que la comunidad cristiana debe dar de su Señor, en medio de la sociedad civil;
  • es signo, finalmente, de la tarea misionera de la Iglesia, que desde los comienzos, según el mandato del Señor (cfr. Mt 28,19-20), está en marcha para anunciar por las calles del mundo el Evangelio de la salvación.

Desde el punto de vista litúrgico se deberán orientar las procesiones, incluso aquellas de carácter más popular, hacia la celebración de la Liturgia:

  • presentando el recorrido de iglesia a iglesia como camino de la comunidad que vive en el mundo hacia la comunidad que habita en el cielo;
  • procurando que se desarrollen con presidencia eclesiástica, para evitar manifestaciones irrespetuosas o degeneradas;
  • estableciendo un momento inicial de oración, en el cual no falte la proclamación de la Palabra de Dios;
  • valorando el canto, preferiblemente de salmos y las aportaciones de instrumentos musicales;
  • sugiriendo llevar en las manos, durante el recorrido, cirios o lámparas encendidas;
  • disponiendo las estaciones, que, al alternarse con los momentos de marcha, dan la imagen del camino de la vida;
  • concluyendo la procesión con una oración doxológica a Dios, fuente de toda santidad, y con la bendición impartida por el Obispo, presbítero o diácono.

Finalmente, desde un punto de vista antropológico se deberá poner de manifiesto el significado de la procesión como "camino recorrido juntos":

  • participando en el mismo clima de oración, unidos en el canto,
  • dirigidos a la única meta, los fieles se sienten solidarios unos con otros,
  • determinados a concretar en el camino de la vida los compromisos cristianos madurados en el recorrido procesional.

 

Tomado del Directorio de la Piedad Popular

 

martes 24 de junio de 2008

Normas a tener en cuenta

Responsabilidad y competencia de la Piedad Popular

21. Las manifestaciones de la piedad popular están bajo la responsabilidad del Ordinario del lugar (el Obispo): a él compete su reglamentación, animarlas en su función de ayuda a los fieles para la vida cristiana, purificarlas donde es necesario y evangelizarlas; vigilar que no sustituyan ni se mezclen con las celebraciones litúrgicas; aprobar los textos de oraciones y de formulas relacionadas con actos públicos de piedad y prácticas de devoción. Las disposiciones dadas por un Ordinario (Obispo) para el propio territorio de jurisdicción, conciernen, de por sí, a la Iglesia particular confiada a él.

Por lo tanto, cada fiel - sacerdotes y laicos - así como grupos particulares evitarán proponer públicamente textos de oraciones, fórmulas e iniciativas subjetivamente válidas, sin el consentimiento del Ordinario (Obispo).

Tomado del Directorio de Piedad Popular

La Señal de la Cruz

La Señal de la cruz

Los cristianos hacemos con frecuencia la señal de la cruz sobre nuestras personas o nos la hacen otros ministros, como en el caso del bautismo, de la confirmación, de la penitencia y de las bendiciones. Este acto se llama signarse, persignarse o también santiguarse si es más reducido.
Es un gesto sencillo pero lleno de significado.

La señal de la cruz es una confesión de nuestra fe: Dios nos ha salvado en la cruz de Cristo. Es un signo de pertenencia, de posesión. Al hacer sobre nuestra persona esta señal es como si dijéramos: estoy bautizado, pertenezco a Cristo, él es mi Salvador, la cruz de Cristo es el origen y la razón de ser de mi existencia cristiana.

El primero que hizo la «señal de la cruz» fue el mismo Cristo, que «extendió sus brazos en la cruz» (Prefacio de la Plegaria Eucarística segunda) y «sus brazos extendidos dibujaron entre el cielo y la tierra el signo imborrable de tu Alianza» (Plegaria Eucarística primera de la Reconciliación). Si en el AT se hablaba de los marcados por el signo de la letra «tau», en forma de cruz (Ez 9,4-6) y el Apocalipsis también nombra la marca que llevan los elegidos (Ap 7,3), nosotros, los cristianos, al trazar sobre nuestro cuerpo el signo de la cruz nos confesamos como la comunidad de los seguidores de Cristo, que nos salvó en la cruz.

Las formas actualmente son dos. Al principio parece que era costumbre hacerla sólo sobre la frente. Luego se extendió poco a poco las dos formas que conocemos: hacer la triple cruz pequeña (persignarse) en la frente, en la boca y el pecho, como en el caso de la escucha del evangelio o hacer la gran cruz (santiguarse) desde la frente al pecho y desde el hombro izquierdo al derecho.

Para persignarnos se usa el dedo pulgar de la mano derecha que hace la señal de la cruz en la frente, sobre los labios y en el pecho. Mientras nos persignamos decimos "Por la señal de la Santa cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor Dios Nuestro”. La gran cruz (santiguarse) se hace desde la frente al pecho y desde el hombro izquierdo al derecho mientras se dice solamente: "En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén". En latín "In nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti. Amen." En algunos países es costumbre besar al final el dedo pulgar, que ha formado una cruz con el índice.

Al entrar en el templo, los cristianos tenemos la costumbre de santiguarnos con el agua bendita de la pila, como recuerdo de nuestro bautismo. También hay quienes, acertadamente, lo hacen al cruzarse ante un templo o capilla ya que en el templo, en el sagrario, está la presencia real de Cristo.

En la celebración litúrgica hay algunos momentos en los que la señal de la cruz cobra un especial sentido:

· Así, en la misa nos santiguamos con la gran cruz al comienzo de la misma junto al sacerdote diciendo: «En el nombre del Padre...». También al disponernos a escuchar el evangelio, al oír las palabras: “Lectura del Santo Evangelio...” En este caso hacemos la triple cruz. El sacerdote también hace la señal sobre el Evangelio y después se signa él. Al recibir la bendición –deberíamos tener la cabeza inclinada– también nos santiguamos con la gran cruz. Sólo el obispo hace la señal de la cruz tres veces cuando da la bendición al final de la misa o en otros ritos. Es costumbre de algunos fieles santiguarse antes de comulgar.

· El sacerdote también hace la señal de la cruz sobre las ofrendas durante la Plegaria eucarística.

· En la Liturgia de las Horas, al comienzo del rezo de cada hora y al inicio de los cánticos evangélicos. Cuando la hora matutina empieza con «Señor, ábreme los labios», nos hacemos la señal de la cruz en la boca;

· En el sacramento de la Penitencia, el ministro traza la señal de la cruz sobre el penitente al decir «yo te absuelvo de tus pecados...», y el penitente hace otro tanto al recibir la absolución;

· En la Confirmación el obispo traza una cruz con el santo crisma en la frente de los confirmandos;

· Especial importancia tiene la señal de la cruz en el Bautismo, cuando el sacerdote y los padres y padrinos signan al recién bautizado en la frente. El sacerdote signa al bautizado con la señal de Cristo Salvador.

· Las bendiciones sobre cosas y personas se suelen expresar con la señal de la cruz. Cuando el sacerdote bendice al pueblo o a algún objeto hace la señal de la cruz, una vez, con su mano derecha, sobre la persona u objeto a bendecir.

Bendición del hogar

Bendición del hogar


Dios mío bendice mi casa, para que sea el hogar del amor y de la paz.

Bendice la puerta abierta como dos brazos extendidos que dan la bienvenida.

Bendice las ventanas que dejan entrar el sol a raudales cada mañana y por donde se asoman las estrellas que son luces de esperanza.

Bendice los muros que nos defienden del viento, del frío y que son nuestros amigos en las horas que pasan.

Bendice nuestra mesa y los sitios de trabajo para que nos ayudes y el lugar de reposo para que nos guardes.

Bendice el techo que cobija los afanes de hoy y los sueños de mañana y que guarda para siempre entre los vivos la memoria sagrada de los que se han ido.

Bendice los sentimientos, las ternuras, los anhelos que florecerán en nuestras vidas.

Bendice nuestros pensamientos para que sean puros, las palabras para que sean rectas, nuestros actos para que nos conduzcan hacia Ti.

Bendice nuestras horas de paz y de silencio, para que fortalezcamos juntos nuestro espíritu.

Bendice nuestros dolores y alegrías porque son el corazón de la familia.Señor quédate con nosotros... en tu morada... en nuestra casa....

jueves 19 de junio de 2008

Algunos símbolos cristianos

Algunos símbolos de Cristo

El agua
Origen de la vida y de la fecundidad. El agua del bautismo lava y mete al que se bautiza en la corriente de los salvados por Jesús. En Cuaresma hay un domingo dedicado al tema del agua: el tercer domingo, pasaje de la samaritana.

El fuego – la luz
La luz es un tema fuerte en la liturgia bautismal. En Cuaresma hay un domingo dedicado a la luz, la curación del ciego de nacimiento, cuarto domingo. La luz hace referencia a la fe. La fe es la luz por la que el creyente accede al misterio de Dios. En Pascua, el fuego y la luz están concentrados en el cirio pascual, que abre la procesión en medio de la noche, desde fuera del templo hacia el templo, de las tinieblas a la luz, de fuera de la iglesia a la Iglesia.

El huevo
A domingo de Pascua lo llaman en algunos sitios “domingo del huevo”. Se acostumbra a regalar y a comer huevos, los huevos de Pascua. El huevo es signo de Pascua porque por fuera parece piedra, como el sepulcro, pero por dentro tiene vida. Además su forma redonda indica perfección. De ahí que sirva para representar a Cristo resucitado, fuente de vida.

La rosa
Las rosas rojas, según una vieja leyenda, indicarían las llagas de Cristo. Su color rojo señala la sangre que brotó de las llagas de Cristo y las tiñó de rojas.

El olivo
El ramo de olivo es signo de regeneración, de paz y prosperidad (Gen 8,8-12). En la procesión del Domingo de Ramos, el olivo sustituye a las palmas.
Una leyenda medieval cuenta que Eva plantó en la tumba de Adán un olivo recibido del arcángel san Miguel como signo del perdón por su culpa. De aquel árbol procedía el ramo de olivo que la paloma trajo a Noé cuando el arca en el diluvio.

La palma
En el mundo grecorromano era símbolo de inmortalidad, de victoria, de gloria. El cristianismo atribuyó este significado a Cristo, primer mártir y primer triunfador de la muerte. También a los mártires se los representaba con la palma de la gloria y de la resurrección.

El grano de trigo
Si el grano de trigo no muere, dice Jesús (Jn 12,24-25). Jesús, con su muerte, es considerado como el grano de trigo del que brota la Espiga de la Vida.

El pelícano
Este pájaro es uno de los más representados en el arte sacro y simbología cristiana. Se le representa en el acto de abrirse el pecho de donde sale la sangre que da la vida a sus hijos. En la Edad Media es colocado encima de la cruz, o en el sagrario indicando que Cristo se sacrifica para darnos la vida.

La paloma
La paloma es la imagen de Cristo que trae la paz y la salvación.

La golondrina
La golondrina anuncia la primavera. Es mensajera de la resurrección de Cristo. Una leyenda armena narra que la tarde del Viernes Santo las golondrinas de Judea y de Galilea se reunieron en torno al sepulcro de Cristo y al alba de Pascua volaron a todo el mundo anunciando la resurrección. Otras leyendas medievales cuentan que el Viernes Santo, con sus picos, las golondrinas quitaron las espinas a Jesús de su cabeza. en el pueblo se formó una leyenda “piadosa” que une las golondrinas a la Pasión de Jesús y de ahí un respeto reverencial hacia las golondrinas.

El cordero
Es uno de los signos más frecuentes de la Pascua. En el arte y en la poesía, el cordero representa a Jesús que da la vida y se entrega a la muerte. La referencia bíblica viene de Isaías 53, el Canto del Siervo.

Piedad popular: ni excesos ni defectos

LOS VALORES DE LA PIEDAD POPULAR

61. Según el Magisterio, la piedad popular es una realidad viva en la Iglesia y de la Iglesia: su fuente se encuentra en la presencia continua y activa del Espíritu de Dios en el organismo eclesial; su punto de referencia es el misterio de Cristo Salvador; su objetivo es la gloria de Dios y la salvación de los hombres; su ocasión histórica es el “feliz encuentro entre la obra de evangelización y la cultura”. Por eso el Magisterio ha expresado muchas veces su estima por la piedad popular y sus manifestaciones; ha llamado la atención a los que la ignoran, la descuidan o la desprecian, para que tengan una actitud más positiva ante ella y consideren sus valores; no ha dudado, finalmente, en presentarla como “un verdadero tesoro del pueblo de Dios”.

64. El Magisterio subraya además la importancia de la piedad popular para la vida de fe del pueblo de Dios, para la conservación de la misma fe y para emprender nuevas iniciativas de evangelización. Se advierte que no es posible dejar de tener en cuenta "las devociones que en ciertas regiones practica el pueblo fiel con un fervor y una rectitud de intención conmovedores”; que la sana religiosidad popular, “por sus raíces esencialmente católicas, puede ser un remedio contra las sectas y una garantía de fidelidad al mensaje de la salvación”; que la piedad popular ha sido un instrumento providencial para la conservación de la fe, allí donde los cristianos se veían privados de atención pastoral; que donde la evangelización ha sido insuficiente, “gran parte de la población expresa su fe sobre todo mediante la piedad popular”; que la piedad popular, finalmente, constituye un valioso e imprescindible “punto de partida para conseguir que la fe del pueblo madure y se haga más profunda”.

ALGUNOS PELIGROS QUE PUEDEN DESVIAR LA PIEDAD POPULAR

65. El Magisterio, que subraya los valores innegables de la piedad popular, no deja de indicar algunos peligros que pueden amenazarla: presencia insuficiente de elementos esenciales de la fe cristiana, como el significado salvífico de la Resurrección de Cristo, el sentido de pertenencia a la Iglesia, la persona y la acción del Espíritu divino; la desproporción entre la estima por el culto a los Santos y la conciencia de la centralidad absoluta de Jesucristo y de su misterio; el escaso contacto directo con la Sagrada Escritura; el distanciamiento respecto a la vida sacramental de la Iglesia; la tendencia a separar el momento cultual de los compromisos de la vida cristiana; la concepción utilitarista de algunas formas de piedad; la utilización de “signos, gestos y fórmulas, que a veces adquieren excesiva importancia hasta el punto de buscar lo espectacular”; el riesgo, en casos extremos, de “favorecer la entrada de las sectas y de conducir a la superstición, la magia, el fatalismo o la angustia”.

RETOS PARA LAS DEVOCIONES POPULARES

66. Para poner remedio a estas eventuales limitaciones y defectos de la piedad popular, el Magisterio de nuestro tiempo repite con insistencia que se debe “evangelizar” la piedad popular,la Iglesia a lo largo de la historia, para hacer frente a los problemas de enculturación de la fe cristiana y de la Liturgia, o de las cuestiones sobre las devociones populares. ponerla en contacto con la palabra del Evangelio para que sea fecunda. Esto “la liberará progresivamente de sus defectos; purificándola la consolidará, haciendo que lo ambiguo se aclare en lo que se refiere a los contenidos de fe, esperanza y caridad”. En esta labor de “evangelización” de la piedad popular, el sentido pastoral invita a actuar con una paciencia grande y con prudente tolerancia, inspirándose en la metodología que ha seguido la Iglesia a lo largo de la historia, para hacer frente a los problemas de la inculturación de la fe cristiana y de la liturgia o de las cuestiones sobre las devociones populares.

v Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia.
Congregación para el Culto
divino y la disciplina de los Sacramentos.

miércoles 18 de junio de 2008

El armario de los signos

El armario de los signos

Quién por primera vez asistiese a un partido de fútbol se quedaría extrañado, muy extrañado. ¿Qué hacen unos señores mayores en pantalón corto, corriendo detrás de un balón? ¿No se les ha pasado ya la edad para esas cosas? Y cuando –después de una carrera- alcanzan el balón, le dan una patada en vez de cogerlo. ¿Y por qué hay dos de ellos que no corren nada, y se mueven para que les dé el balón en vez de esquivarlo? ¿Por qué el que va vestido de negro no le da también patadas? Además, ese es tan raro que de vez en cuando sopla un pito: algo muy malo debe ser, pues muchos protestan y le gritan cada vez que pita. Lo de la masa de gente que está allí mirando y mordiéndose las uñas -muchos de ellos moviendo trozos de tela con colores…- eso ya sí que es para nota. Pero además antes de empezar a correr suena una música y todos se quedan quietos y en silencio. Después, cuando terminan de correr, se ponen en fila, unos señores sacan un vaso de plata muy grande y se lo dan; se alegran, pero en vez de beber todos en él, lloran; todos la quieren tocar y les hacen fotos.

Hay muchas realidades que expresamos mediante signos. Basta observar lo que hayamos hecho en los últimos treinta minutos para ver la cantidad de cosas que hemos dicho simbólicamente.

A mí me encanta todo esto: decir unas cosas usando otras, hacer visibles vivencias invisibles, estar todos de acuerdo y comunicarnos mediante un lenguaje ‘trucado’, hacer presente un país entero o un hecho pasado con un signo... Gozo de un modo especial de esa “superioridad” que permite vivir en el mundo sin ser esclavos de la materia en todo momento, descubrir la profunda libertad de la realidad, sobreponerse a esa pobre mirada que cosifica todo lo existente… Me gusta tocar el misterio sin que sea desvirtuada su grandiosidad…

Quisiera guardar muchos de los signos que he descubierto a lo largo de mis años. Los guardaría en un armario, como se guardan las cosas. Sin embargo, hoy quiero meter la mano en ese baúl… y sacar lo que a partir de ahora quiero que se llame el armario de los signos sagrados. En esa caja imaginaria he ido guardando papeles, y en cada uno… un signo. Son estos.

Señal de la cruz

La señal de la cruz es una marca. Un coche, por ejemplo, se marca con una circunferencia con tres radios, o con la figura de un jaguar, o un león rampante, o con un simple rombo… Vemos la marca, y sabemos a qué fábrica de coches pertenece. El cristiano está marcado por la cruz de Cristo. La cruz le marca porque fue liberado por ella.

La cruz, por tanto, está en mi origen como cristiano. También la vida del cristiano está marcada por la cruz: quien quiera seguirme, tome su cruz cada día. Y a la vez, el modo de colaborar con Cristo para que la vida nueva llegue a otros -el apostolado-, exige ‘clavarnos’ en la cruz por ellos, como hizo Cristo.

Comenzamos la misa con la señal de la cruz: conviene que la hagamos con pausa, como expresión sincera: recordamos y reconocemos que la cruz nos ha salvado y por eso pertenecemos a Jesús, a la vez que manifestamos la voluntad de aceptarla en nuestra vida.

Altar

El altar es la mesa sobre la que se celebra el sacrificio. La mesa es lisa, abierta a la vista de todos. Todas las líneas del templo convergen en el altar. Se encuentra en alto, sobre unas gradas, aislado y elevado sobre el suelo del pueblo. Es el corazón del templo.

Las religiones antiguas siempre realizaban sus sacrificios sobre una mesa de piedra. Jesús realiza su sacrificio, no sobre una mesa, sino sobre una cruz, y manda a sus apóstoles que hagamos memoria de él. Los primeros cristianos realizan el sacrificio de la cruz sobre una mesa, pero saben que esa mesa no es la de una cena sin más, sino que esa mesa es presencia de un sacrificio de cruz. Por eso los primeros altares eran de piedra, trozos de piedra tomados del monte Gólgota, donde estaba clavada la cruz sobre la que murió Jesús. Solo había un altar en cada templo, como uno solo es el Salvador y el sacrificio que realizó. Siempre hay un crucifijo junto a la mesa, que recuerda el sentido de sacrificio de las celebraciones que se hacen sobre el altar.

A veces se ha visto en el altar un simbolismo del mismo Jesucristo: tiene su lógica, ya que el primer altar sobre el que se realizó el sacrificio de Jesús fue su propio cuerpo; el verdadero altar el cuerpo entregado. “La roca era Cristo”, dice san Pablo. El beso al altar, entonces, es un saludo al mismo Cristo. Otras veces se venera el altar simplemente como muestra de respeto y afecto a la mesa en la que se realiza el sacrificio, y a Jesús que nos ha invitado a ella.

Pero hay más altares, altares invisibles. Junto al altar como corazón del templo, se encuentra otro: el corazón de cada uno de los que participan del sacrificio de Jesús. El altar visible del templo es símbolo e imagen del altar invisible del alma, en el que cada uno se asocia al sacrificio de Jesús.

Cuando pasamos ante el altar, o cuando subimos las gradas en las que se encuentra, manifestamos respeto haciendo una reverencia con la cabeza.

Ambón o mesa de la Palabra, y el Evangelio

Cristo nos alimenta con el pan eucarístico y con el pan de su palabra: “no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Junto al altar se encuentra la otra mesa, la mesa de la palabra o ambón.

El ambón es la cátedra desde la que nos habla la Palabra de Dios. “La Iglesia ha venerado siempre las Sagradas Escrituras al igual que el mismo Cuerpo del Señor, no dejando de tomar de la mesa y de distribuir a los fieles del pan de vida, tanto de la palabra de Dios como del Cuerpo de Cristo…”.

Además de las lecturas del Antiguo y Nuevo Testamento, de algún salmo y el Aleluya, desde el ambón “se lee el Evangelio, en el cual Cristo habla con su misma boca para actualizar el Evangelio en su Iglesia, como si hablara al pueblo Cristo mismo en persona”, como dice un pontifical del siglo X. Lo proclama la Iglesia, y no un particular. Su lectura está reservada al sacerdote o diácono. Está reservado a la palabra de Vida, y es conveniente reservarlo exclusivamente para ese uso (los avisos y otros comentarios, mejor hacerlos desde la sede).

Se escucha de pie, como manifestación de respeto, apertura y disponibilidad completa a Jesús que nos habla, ya que –como dice san Agustín- “el evangelio es la boca de Cristo: está sentado en el Cielo, pero no deja de hablar en la tierra” a través de su Cuerpo que es la Iglesia.

Antes de su lectura, el lector hace una señal de la cruz sobre el libro y –cada uno con él- sobre su persona. Es la expresión de un deseo: que esa palabra ilumine los pensamientos, palabras, sentimientos y obras de cada uno. Al final se besa el Evangelio como manifestación de cariño y agradecimiento. Antes y después, unas aclamaciones –‘Gloria a ti, Señor (Jesús)’- reconocen y profesan la presencia de Cristo que habla.

Velas

Las llamas de las velas simbolizan nuestra vida interior. Son así imagen de nuestras aspiraciones que tienden hacia el cielo, de la luz que arde en nuestro interior. Queremos expresar nuestro deseo de arder en la presencia de Dios encendiendo esas velas.

Es una antigua costumbre, que quiere manifestar elegantemente respeto y celebración de fiesta.

Las velas están sobre el altar o junto a él. Se enciende un número mayor o menor dependiendo del esplendor que se quiera dar a la celebración del día.

¿Cómo se sabe si el Santísimo Cuerpo de Jesús está reservado en una iglesia? Siempre que está él, arde una lamparilla delante del sagrario. Además de indicar que la eucaristía está reservada, resulta una forma elocuente de expresar nuestro deseo de permanecer continuamente ante él, consumiendo nuestra vida anunciando y adorando su presencia.

Vestiduras u ornamentos

El sacerdote se reviste con prendas especiales durante la celebración de la misa. Así se quiere hacer evidente que no está ahí como una persona particular, como fulano de tal, sino en lugar de otro: en lugar de Cristo. No actúa por sí, sino por la persona de Cristo.

Colores de los ornamentos

Se usan distintos colores, según las celebraciones. En los tiempos ordinarios, el verde, color de la esperanza. En los tiempos fuertes, de mayor penitencia para la conversión –adviento y cuaresma-, el color morado; también el color morado se lleva para manifestar el luto en las celebraciones de difuntos (en estas es facultativo el negro). En las celebraciones de las fiestas de Jesús y de los santos, como durante el tiempo de pascua, con el color blanco se expresa la limpieza de vida. Si los santos son mártires, el color rojo recuerda la sangre derramada por Jesús.

Otros menos usados. El día de la Inmaculada, el azul claro expresa la pureza de María. El rosa claro solo se usa dos domingos en el año, más o menos en el paso del ecuador del Adviento –el tercero, domingo gaudete- y de la Cuaresma –el cuarto, domingo laetare-; quiere recordar con este sorprendente color la alegría que espera al final de ese tiempo de preparación.

Domingo

Es el día de la Resurrección de Cristo. Desde el principio, la iglesia celebra ese día el misterio pascual, y con razón lo llama ‘día del Señor’ o domingo. El banquete del Señor ocupa el centro del día, pues es ahí donde toda la comunidad cristiana encuentra al Señor resucitado que los invita a su banquete. Es uno de los elementos fundamentales de la identidad cristiana.

Del domingo decimos que es el primer día de la semana, el tercer día, o el octavo día, dependiendo de donde nos situemos.

Misa dominical

La Iglesia manda a los cristianos que santifiquen el domingo, entre otras cosas, participando del Misterio Pascual ese día –o en su víspera-. Es un testimonio de la pertenencia a Cristo y a la Iglesia.

En la eucaristía dominical se fundamenta toda la vida cristiana, y además se confirma esa nueva vida.

Todos los hijos de Dios nos damos cita en la casa del Padre, y proclamamos la comunión en la fe y en la caridad, le agradecemos y adoramos, reconocemos que somos suyos y nuestra dependencia respecto de Él. Aunque es un mandato, responde a una necesidad. Es como si se mandase comer o respirar: se trata de algo indispensable para tener vida.

Arrodillarse

Para los hebreos, las rodillas eran el símbolo de la fuerza. Al doblarlas ante Dios, los judíos hablaban con su cuerpo: expresaban que doblaban las propias fuerzas ante Dios, reconocían su gran poder. La voluntad del que se arrodilla se somete a la voluntad de Dios. El poder de la propia libertad se dobla ante la voluntad todopoderosa y buena del Creador.

Los cristianos mantenemos este gesto, con el mismo sentido: es un gesto de adoración, y puede manifestar también súplica y arrepentimiento. Al llegar a la Iglesia saludamos a Dios permaneciendo un momento de rodillas, antes de sentarnos, conscientes de que es una postura adecuada para el hombre que se halla delante de Dios. Cuando nos ponemos ante el Sagrario, también nos arrodillamos.

Genuflexión

Así llamamos al gesto de flexionar –flexu- la rodilla –en latín, genu- derecha hasta tocar el suelo, mientras el tronco continúa erguido y la cabeza mira al frente. Este gesto lo hacemos cada vez que pasamos delante del sagrario.

Un Dios que se hace tan pequeño como un trozo de pan, no nos deja indiferentes. Reconocemos que él es el grande y nosotros los pequeños: empequeñecemos nuestro cuerpo con este elocuente gesto. Así el corazón dice con el cuerpo: ‘Tú eres el Dios grande y Santo; yo soy la nada’. Por eso llevamos la rodilla hasta el suelo, sin prisa, dando tiempo al corazón a que se arrodille también interiormente.

Estar de pie

Es una postura que manifiesta respeto, disposición atenta y pronta a escuchar y cumplir una misión, una orden.

Es la postura habitual en las celebraciones, postura activa y de libertad: el hombre liberado por Cristo está en pié con su Dios, mirándole, a su disposición.

Estar sentado

En algunos momentos –lecturas, homilía…- estamos sentados. Esta postura cómoda facilita escuchar, recogerse en busca de la comprensión, reflexionar… y, como todas las posturas que se adoptan durante la misa, orar.

Sagrario

Es la tienda en la que acampa Dios entre los hombres, mientras estamos en la tierra. Viene a ser el trono de Dios, donde se asienta Jesús vivo entre nosotros. El pan consagrado, por el poder del Espíritu, deja de ser pan para ser el cuerpo de Jesús. Este cuerpo, real y verdadero, sacramental, permanece siendo Jesús vivo fuera de la misa; nos referimos a él de muchas maneras: Santísimo, Jesús sacramentado, Hostia, divinas especies...

Como es lógico, procuramos que sea bonito y rico. Cuando pasamos ante el sagrario hacemos una genuflexión.

Así vivimos una verdad: que la eucaristía está para comerla, y también para adorarla.

Hostia

¿Cómo llamar a un trozo de harina con levadura que, por obra del Espíritu Santo, pasa a ser el cuerpo de Cristo? Los primero cristianos decidieron referirse a él con la palabra víctima. En latín, víctima se dice hostia, con h; sin h –ostia- significa ‘puerta’. ¿Por qué le llamaron –y seguimos llamándole así? Porque lo que tenemos sobre el altar es el cuerpo roto, la víctima, el entregado.

La lengua castellana cuenta con unas tres mil seiscientas palabras. De todas ellas, la más santa –la que designa la realidad material más sagrada- quizá sea la palabra hostia. Por eso, es una de las palabras más queridas por los cristianos. Resulta sorprendente y doloroso la costumbre de usarla en exclamaciones y expresiones, de forma tan tonta y blasfema, dándole otros sentidos.

Manos

Las manos tienen la capacidad de expresar adecuadamente la vida del alma.

Cuando uno se rinde ante el enemigo, muestra su rendición con el gesto de las manos extendidas y en alto. Este gesto es parecido al del sacerdote cuando ora en la misa: brazos extendidos, manos elevadas en alto, con las palmas abiertas. Así se pasa gran parte de la misa: siempre que está hablando a Dios Padre. Con este gesto le expresa que lo que le está diciendo es una súplica que elevamos desde nuestra pobreza más radical, sin ánimo de obligarle; súplica que confía en su misericordia. Así ha sido representada desde los primeros siglos la actitud del orante.

El sacerdote extiende las manos, con las palmas abiertas, sobre las ofrendas, sobre el pan y el vino. Así, cubriéndolas, pone bajo su sombra aquello sobre lo que el Espíritu Santo debe actuar, significando el poder del Espíritu sobre la realidad que cubre. El sacerdote hace este mismo gesto en el sacramento del perdón: extiende su mano derecha con la palma abierta hacia abajo sobre la cabeza del penitente en el momento de la absolución de sus pecados.

Las manos unidas, palma contra palma, expresan la actitud de recogimiento, también de humildad, de conformidad y sumisión: al permanecer con las manos como atadas, se expresa que las abandonamos en las manos de Dios.

Consagración

En un momento de la misa, el sacerdote actúa en el lugar de Cristo y, con sus mismas palabras y gestos, hace sagrados –santos- el pan y el vino: actualiza así el sacrificio que Jesús instituyó en la Última Cena, cuando ofreció su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino. La consagración es ese momento de la misa en el que, por el poder del Espíritu, la sustancia del pan cambia, y aunque permanecen los accidentes del pan ya no lo es: pasa a ser el Cuerpo del Señor. Y lo mismo ocurre con el vino, que se transustancia en la Sangre del Señor.

A partir de la consagración, la materia de ese trozo de pan o de esas gotas de vino, el Señor ha hecho absolutamente suya, de manera que en ella se contiene él mismo: el resucitado, con su cuerpo, su sangre, su alma, su divinidad y su humanidad. Cristo está ahí todo entero, en cada trozo de pan, en cada gota de vino.

Aleluya

Es una expresión que viene de la unión de dos palabras hebreas Hallelu (el imperativo del verbo ‘alabar’) y el Nombre de Dios Yahwéh: ¡Hallelu Ya!, es decir, ¡Alabad al Señor!

Se trata de una aclamación de alegría, un grito lleno de entusiasmo, que los cristianos decían con frecuencia en los primeros siglos, hasta llegar a ser habitual en Palestina: ante la llegada de un acontecimiento esperado, cuando araban la tierra, cuando embarcados se acercaban a tierra...

Bendición

El sacerdote invoca el nombre de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, y da la bendición de Dios. La bendición es acción de Dios. Le pide que bendiga nuestra vida cristiana, y nosotros la aceptamos santiguándonos.

La misa termina con la bendición: ha terminado la liturgia celebrada –la misa- y comienza la liturgia vivida; ha terminado la celebración de la eucaristía, y comienza la eucaristía vivida. Y Dios nos da su bendición para hacernos capaces de realizarlo.

Copón y Cáliz

El copón es la copa o vaso en el que se guarda el pan consagrado. El cáliz es la copa o vaso en el que está el vino consagrado. Habitualmente se les llama vasos sagrados porque guardan lo más santo que tenemos los hombres, el cuerpo y la sangre de Cristo. Como está en contacto con Jesús sacramentado, los cristianos siempre hemos procurado que sean dignos y cuidados: por ejemplo, su interior frecuentemente está bañado en oro o plata.

Iglesia

Desde los primeros momentos, el templo cristiano recibe el nombre de ‘domus ecclesiae’, casa de la Iglesia, es decir, casa de la asamblea o reunión del pueblo de Dios convocado.

Los edificios de las iglesias nacen en continuidad con los edificios de la religión judía, que eran dos: las sinagogas y el templo. En las sinagogas los judíos guardan y leen el Antiguo Testamento –los rollos de la Torá, la Palabra de Dios dirigida a su pueblo elegido-; ahí dan la instrucción religiosa. El templo era el edificio donde se ofrecían los sacrificios a Yahvé. Uno y otro se complementaban. Los cristianos aúnan los dos edificios en las iglesias. Así, la Iglesia es el lugar donde se reúnen los cristianos para escuchar la Palabra de Dios y sellarla mediante el sacrificio; así viven en alianza Dios y los hombres.

Así como en las sinagogas los judíos custodiaban los rollos de la Torá -presencia de Dios en la Escritura-, en las iglesias cristianas custodiamos y adoramos al mismo Verbo de Dios, sustancialmente presente en la Eucaristía, reservado en el Sagrario. Por eso, la iglesia es también casa de oración.

El judaísmo y el islam imponen que las oraciones se hagan en dirección al lugar donde tuvo lugar la revelación, hacia el Templo de Jerusalén y hacia la Meca, respectivamente. Durante siglos, las iglesias cristianas también se han construido mirando a un sitio concreto: han estado dirigidas hacia el oriente –por eso se dice orientadas-. ¿Por qué? El sol nace por el oriente –el este -. En Cristo reconocemos al verdadero sol, que rompe la oscuridad de las tinieblas e ilumina el mundo y nuestras vidas. Mirando al oriente expresamos que miramos a Cristo, ya que él es el lugar de encuentro entre Dios y la humanidad; en Cristo, nuevo Sol, ha tenido lugar la revelación de Dios a los hombres.

Agua bendita

En la mayoría de las iglesias, en la entrada, suele haber una pila de agua bendita. ¿Qué es exactamente esta agua que los fieles utilizan para santiguarse? El agua bendita es instrumento de la gracia del Señor. El agua corriente limpia el cuerpo; lo mismo pasa con el agua bendita que, en recuerdo del agua limpia del bautismo, puede limpiar al alma arrepentida de sus pecados veniales.

Celebración

Celebrar es realizar, tomar parte de un acontecimiento. En el caso de la celebración eucarística, más que un recuerdo es una actualización del sacrificio de la cruz, nos unimos a ese acontecimiento que tuvo lugar hace más de 2000 años.

No se trata, por tanto, de evocar un recuerdo, sino más bien lo que ocurre es que el Espíritu Santo nos recuerda que el Evento pascual que celebramos sucedió realmente en la historia, y que continúa actuando hoy.

La celebración eucarística no repite el Evento, sino que hace que cale cada vez más profundamente en nosotros, hasta que Cristo lo sea todo en cada uno y en la Iglesia.

Comulgar

Comulgar es recibir la eucaristía, comer el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Pero recibir la eucaristía no significa solo comer algo ‘material’ sin más, sino llevar a cabo un encuentro recíproco y profundo entre dos personas. Se me ofrece Jesús vivo, él entra en mí y me invita a entregarme a él de modo que cada uno llegue a ser uno con él.

Comer la eucaristía es un proceso espiritual que abarca a toda la persona: significa adorarle, dejar que entre en mí de manera que poco a poco yo sea transformado. Por eso conviene comulgar con frecuencia, aunque la Iglesia mande hacerlo al menos una vez al año.

lunes 16 de junio de 2008

Tríptico sobre las Procesiones

Las Procesiones: Su origen y su sentido

Esta Delegación de Piedad Popular ha elaborado un tríptico sobre el tema “Las procesiones: Su origen y su sentido”, (se han hecho 60.000 copias) para que lo DISTRIBUYAS, ANUNCIES, EXPLIQUES Y MOTIVES en tu parroquia durante el tiempo que creas conveniente, y en las reuniones que tengas, incluso que se los hagas llegar a las comisiones de fiestas, hermandades, enramadoras, mayordomos, sacristanes… para ir dando pasos (con mucho temple y cuidado, pues se trata de COSAS de Dios) y lograr en una generación que las procesiones sean verdaderas manifestaciones de fe, evitando aquello que las pueda desvirtuar, y teniendo en cuenta otras cosas que nos ayuden a recuperar su VERDADERO sentido. Aquí lo puedes BAJAR

viernes 6 de junio de 2008

Directorio sobre la piedad popular

Directorio sobre la piedad popular.

Si quieres consultar el Directorio que sobre la Piedad Popular publicó el Vaticano en el año 2002, lo tienes en este enlace. Merece la pena leerlo detenidamente y reflexionarlo adecuadamente.

Cómo bendecir

CÓMO BENDECIR

1. Consignas conciliares

El Bendicional comienza recordando las pistas que el Concilio Vaticano II marcó, para hacer de las bendiciones una vivencia, alejándose de toda especie de magia: "Revísense los sacramentales [léase, bendiciones], teniendo en cuenta la norma fundamental de la participación consciente, activa y fácil de los fieles, y atendiendo a las necesidades de nuestros tiempos" (SC 79).

A la hora de llevar a cabo esas consignas, el Bendicional ha potenciado los siguientes criterios:

a) La participación activa y consciente de los fieles: Son más importantes las personas y su actitud de fe que los objetos y los lugares que se bendicen.

b) El tono celebrativo: Evitando toda fórmula aislada de un contexto de fe. Se trata de una especie de "celebración de la Palabra" o una paraliturgia, con asistencia de personas, en clima de fe y oración, realzando el papel de Dios y de la Iglesia.

c) Prioridad de la Palabra de Dios: Hay que evitar todo automatismo o peligro de olor mágico en torno a un gesto (cruz) o una palabra humana. La bendición es un encuentro dialogal entre Dios y los humanos.

d) Importancia de las personas: Son ellas las que entran en una doble dirección: un Dios que bendice al ser humano (junto con su mundo material), y el ser humano que, dentro de su mundo cósmico, bendice a Dios y entra en su órbita.

e) El papel de los laicos. Quedan algunas "bendiciones reservadas", pero no por criterios de clérigos y laicos, sino por criterios de "territorio": diocesano, parroquial (donde actúa el obispo o el párroco), familiar y otros afines (donde un laico puede realizar la bendición, como miembro del pueblo sacerdotal de Cristo).

2. Bendecir evangelizando

En el número 19 del Bendicional se habla de la "importancia de las bendiciones", su "significado y eficacia", el "verdadero significado de los ritos y preces que emplea la Iglesia en las bendiciones". Entre los medios se cuentan: la misma celebración, la catequesis y la predicación.

Pero hay que añadir otro aspecto importantísimo: la dimensión evangelizadora de las bendiciones. Esta dimensión y eficacia evangelizadora se realiza por la Palabra proclamada, la oración de la Iglesia, los signos y los gestos que acompañan a la bendición. El signo de la cruz es el más importante de cara a la evangelización, por su referencia al Misterio Pascual, pero debe ir siempre acompañado de la palabra, "para hacer más activa la participación y evitar el peligro de superstición" (Bendicional 27).

3. Bendecir en comunidad

Las "orientaciones" del Bendicional quieren asegurar la eficacia de las bendiciones. Por eso piden moverse en criterios de la pastoral, sopesar las circunstancias de las cosas y los asistentes, prestar atención a la recta disposición de ánimo de los que las piden. Para eso se prefieren las bendiciones en plan celebrativo de la Palabra, algo diferente de una bendición breve, rápida y particular.

De ese modo se pasa a otro criterio importante, que es la participación de los fieles. Por eso se ha de preferir la celebración comunitaria de las bendiciones a la individual. Y, en las individuales o particulares, se ha de asegurar la presencia de algún fiel.

Conviene que en la celebración de las bendiciones actúen varias personas con papeles y ministerios diferentes (diácono, lector, salmista, coro). Se indica también la conveniencia y la posibilidad de unir las bendiciones con otra celebración, favoreciendo todo cuanto pueda aprovechar para una participación bendicional consciente, activa y adecuada de los asistentes.

4. Bendecir con la Palabra y el gesto

La lectura de la Palabra de Dios y la oración de la Iglesia nunca se han de omitir. Y pueden mejorar mucho si se tiene en cuenta el tiempo litúrgico. Aquí se puede hablar de elementos principales, que serían: la proclamación de la Palabra, la inserción de salmos o cánticos, y la plegaria común. Los otros elementos son considerados como menos importantes: las moniciones, la exhortación, la homilía.

Respecto a los gestos posibles, las citadas "orientaciones" mencionan expresamente cinco: las manos alzadas y abiertas para orar, la imposición de manos, el signo de la cruz, la aspersión con el agua bendita y la incensación. También las vestiduras pueden considerarse como signos, según el rango del ministro y las disposiciones pertinentes.

5. Bendiciones imposibles

No hay que olvidar que se bendice sólo lo que va en bien de los humanos o en alabanza de Dios. De ese principio se deduce una lógica excepción en la celebración o impartición de las bendiciones:

Nada de lo que puede dañar a los humanos es bendecible. Ni por nada de lo que los puede dañar podemos bendecir a Dios. Por ejemplo, una guerra, unas armas, un negocio sucio, un lugar dañino, unas muertes violentas, una venganza, un local de alterne, un local de comercio injusto, una fábrica de armas...

También conviene añadir a esta lista la imposibilidad o la no conveniencia de bendecir cosas (cuernitos, manitas, piedras…) o situaciones rayanas en la magia, como sería el bendecir un boleto de lotería y cosas semejantes. Las bendiciones suponen un ámbito de fe, no de superstición.

Por eso, conviene recordar a los destinatarios, que las bendiciones no pueden garantizar la desidia ni hacer inmunes a nadie ni a nada, sin la colaboración humana. Recuérdese, por ejemplo, que la bendición de los vehículos no puede subsanar los efectos negativos del alcohol o las imprudencias en su conducción.

Conclusión

¿Qué hacer cuando nos piden bendiciones? Llenarse de paciencia infinita, alejar toda prisa, acordarse de Jesús y los suyos, "que no tenían ni tiempo para comer" (Mc 6,31). Todo, menos maltratarlos. Y tener en cuenta la consigna del turismo: Un turista bien tratado, trae tres más; un turista mal tratado espanta tres más.

Luego, aunque sea sobre la marcha, tratar de hacer el gesto bendicional (cruz o imposición de manos), con una oración de contenido bíblico, despacio, con claridad evangelizadora. Por ejemplo: "Alaben al Señor, todas las naciones; aclámenlo, todos los pueblos. Y la bendición de Dios todopoderoso Padre, Hijo y Espíritu Santa descienda sobre... y permanezca para siempre. Amén".

Y, después de tanta bendición breve de emergencia, no estará mal dársela uno mismo, santiguándose: "La paciencia de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre mí y me acompañe siempre".

jueves 5 de junio de 2008

Definiciones a tener en cuenta

DEFINICIONES

Ejercicio de piedad

7. En el Directorio, el término "ejercicio de piedad", designa aquellas expresiones públicas ola Liturgia, están en armonía con ella, respetando su espíritu, las normas, los ritmos; por otra parte, de la Liturgia extraen, de algún modo, la inspiración y a ella deben conducir al pueblo cristiano. Algunos ejercicios de piedad se realizan por mandato de la misma Sede Apostólica, otros por mandato de los Obispos; muchos forman parte de las tradiciones cultuales de las Iglesias particulares y de las familias religiosas. Los ejercicios de piedad tienen siempre una referencia a la revelación divina pública y un trasfondo eclesial: se refieren siempre, de hecho, a la realidad de gracia que Dios ha revelado en Cristo Jesús y, conforme a las "normas y leyes de la Iglesia" se desarrollan "según las costumbres o los libros legítimamente aprobados". privadas de la piedad cristiana que, aun no formando parte de

Devociones

8. En nuestro ámbito, el término viene usado para designar las diversas prácticas exteriores (por ejemplo: textos de oración y de canto; observancias de tiempos y visitas a lugares particulares, insignias, medallas, hábitos y costumbres), que, animados de una actitud interior de fe, manifiestan un aspecto particular de la relación del fiel con las Divinas Personas, o con la Virgen María en sus privilegios de gracia y en los títulos que lo expresan, o con los Santos, considerados en su configuración con Cristo o en su misión desarrollada en la vida de la Iglesia.

Piedad popular

9. El término "piedad popular", designa aquí las diversas manifestaciones cultuales, de carácter privado o comunitario, que en el ámbito de la fe cristiana se expresan principalmente, no con los modos de la sagrada Liturgia, sino con las formas peculiares derivadas del genio de un pueblo o de una etnia y de su cultura.

La piedad popular, considerada justamente como un "verdadero tesoro del pueblo de Dios", "manifiesta una sed de Dios que sólo los sencillos y los pobres pueden conocer; vuelve capaces de generosidad y de sacrificio hasta el heroísmo, cuando se trata de manifestar la fe; comporta un sentimiento vivo de los atributos profundos de Dios: la paternidad, la providencia, la presencia amorosa y constante; genera actitudes interiores, raramente observadas en otros lugares, en el mismo grado: paciencia, sentido de la cruz en la vida cotidiana, desprendimiento, apretura a los demás, devoción".

Religiosidad popular

10. La realidad indicada con la palabra "religiosidad popular", se refiere a una experiencia universal: en el corazón de toda persona, como en la cultura de todo pueblo y en sus manifestaciones colectivas, está siempre presente una dimensión religiosa. Todo pueblo, de hecho, tiende a expresar su visión total de la trascendencia y su concepción de la naturaleza, de la sociedad y de la historia, a través de mediaciones cultuales, en una síntesis característica, de gran significado humano y espiritual.

La religiosidad popular no tiene relación, necesariamente, con la revelación cristiana. Pero en muchas regiones, expresándose en una sociedad impregnada de diversas formas de elementos cristianos, da lugar a una especie de "catolicismo popular", en el cual coexisten, más o menos armónicamente, elementos provenientes del sentido religioso de la vida, de la cultura propia de un pueblo, de la revelación cristiana.

lunes 2 de junio de 2008

Las Procesiones: Su origen y su sentido

Sugerencias a los que organizan
o participan en las procesiones


La Procesión y la vida
El hombre es un ser en camino. Se va haciendo mientras camina. No puede permanecer quieto; necesita metas que pongan en movimiento todas sus capacidades. El hombre es el ser permanentemente insatisfecho, el que no se conforma, el que camina impulsivamente tras la felicidad.
Y no es posible la aventura de la vida caminando en solitario. Vamos todos en el mismo barco y nuestra suerte está vinculada a la de los demás. Por eso, la fiesta y la procesión son un fuerte correctivo al individualismo insolidario.
En una sociedad tan secularizada como la nuestra, las fiestas y las procesiones siguen gozando de buena salud. No hay fiesta popular que se precie sin su correspondiente procesión.
La gente acude masivamente a las fiestas y a las procesiones porque: hay en ellas un rito que cumplir, un camino que recorrer, una música que disfrutar, una belleza que admirar, un santo a quien implorar, una memoria que acoger, una identidad que reconocer, un futuro que labrar...

Procesiones, ¿para qué?
Quien las observa desde fuera, puede preguntarse para qué sirve mover una imagen de un sitio a otro o hacer con ella un recorrido por la calle. Nos convendrá explicar un poco el significado de la palabra “procesión”.
La palabra “procesión” viene del verbo latino “pro-cedere”, que significa marchar, ir hacia delante.
Cuando esta marcha se realiza con otros, en grupo, suele manifestar el deseo de ir hacia el mismo sitio, la misma meta, alcanzar el mismo objetivo.
Crea en el grupo lazos de unión y se convierte en un lenguaje común de mucha expresividad: manifestaciones, marchas de protesta, desfiles festivos, peregrinaciones, procesiones, etc.
La procesión es una expresión de culto de carácter universal en la que la piedad y la liturgia establecen una relación muy peculiar.

La Eucaristía y la Procesión

La Eucaristía arroja una luz potente sobre el sentido de la procesión: toda procesión parte y al mismo tiempo nos conduce al encuentro de Cristo Salvador, salvación que se hace real y eficaz en la Eucaristía.
De hecho, dentro de la celebración de la Eucaristía tienen lugar una serie de procesiones que son necesarias para el desarrollo de la misma:
  • la procesión de entrada del ministro y los celebrantes;
  • la procesión hacia el ambón para proclamar el Evangelio;
  • la procesión para presentar las ofrendas;
  • el momento de recibir la comunión, que también se considera procesión.
Variedad de procesiones
Las procesiones cristianas se inician llevando al recién bautizado desde la pila bautismal hasta el altar, signo de que la vida que ha comenzado en el Bautismo ha de ser alimentada en la Eucaristía y en la que encontrará su plenitud.
La piedad popular amplió con el tiempo el número de procesiones, tanto para honrar a la Virgen y a los santos como para meditar los aspectos de la pasión.

Riesgos
Pero las procesiones pueden conllevar también, si no se cuidan, ciertos riesgos, como pueden ser:
  • Que estas manifestaciones religiosas prevalezcan sobre los sacramentos.
  • Considerar la procesión como el acto principal de la fiesta.
  • Convertirla en un acto folclórico o cultural.
  • Convertirla en mero espectáculo.
  • Convertirla en manifestación de lujo y ostentación.
Sugerencias
La procesión no es una marcha sin rumbo. Nos convoca, a través de una imagen, alguien que nos conecta con algo que hemos oído, leído o celebrado en la Eucaristía. Ese alguien vive, no es un icono sin vida.

Por eso, algo tan simple como
  • el respeto a la imagen y lo que representa,
  • los adornos y el enrame que lleva,
  • las joyas que porta y la forma de colocarlas,
  • la devoción y el silencio en el recorrido,
  • la dignidad en el vestir y en las palabras,
  • la música o los cantos que suenan,
  • los bailes o los movimientos...
tienen que ser acordes con el Misterio de Dios, de la Virgen o de los Santos a los que se recuerdan, y a la dignidad de la persona que lo porta sobre sus hombros o lo acompaña.

Además, sobre las procesiones, hemos de tener en cuenta:
  • Han de tener carácter evangelizador.
  • Con recorridos cortos, concretos y fijos.
  • La organización de los actos religiosos de las fiestas patronales compete a la Parroquia.
  • Es a la parroquia a la que corresponde editar los programas de las fiestas religiosas que organiza.
  • Evitar la multiplicación de procesiones
  • Evitar varias imágenes de la Virgen o de Crucificados en la misma procesión.
  • Consultar al Párroco sobre las procesiones de promesa.

martes 20 de mayo de 2008

Por donde transitan las COSAS de Dios

El Octubre del 2007 tuvo conmigo El Obispo de Tenerife, Don Bernardo Alvarez el detalle de elegirme para colaborar con él en el estudio y discernimiento de la realidad de la Piedad Popular en la Diócesis que él preside. Acepté gratamente sin mediar palabra, pues ha sido la Piedad de nuestra gente algo que siempre me ha interesado, unas veces para fortalecerla y otras para corregirla, acertadamente unas y erróneamente otras, pero siempre tuve claro que la Piedad Popular era un PUENTE válido por donde suelen transitar las “COSAS” de Dios.

Este curso quisiera que diéramos un paso: Que nos sentáramos los sacerdotes en los arciprestazgos, los catequistas en sus reuniones, los agentes de pastoral en sus encuentros, y reflexionáramos sobre esta realidad tan importante, y cómo la estamos integrando en nuestro vivir diario. No hablar tanto de las desviaciones de la Piedad Popular, que también podría darse el caso, sino sobre todo de nosotros mismos y de cómo discernimos las distintas situaciones que se dan. No para quejarnos de las rutinas posibles o reales en la que está sumida la Piedad Popular, y lamentarnos y salir desanimados, sino para ver QUÉ se puede hacer, ya que la Piedad Popular es un hermoso puente para la transmisión de la fe, de hecho ha sido un instrumento providencial para la conservación de la fe allí donde los cristianos se veían privados de atención pastoral. Y salir alentados en la esperanza de que podemos hacer algo y que estamos haciendo algo por ese precioso mundo del “misterio”, de lo escondido, y que sólo le es revelado a la gente sencilla..

Te invito, pues, a participar en este reto.

Este blog nace como un medio de encuentro, de reflexión y de discernimiento.